He visitado su gabinete lleno de la sencillez
y método de un filósofo. Allí, en un ángulo
de la habitación, descansaba impasible, colgada
al muro, la gloriosa espada que cambió un día
la faz de la América Occidental. Tuve el placer
de tocarla y verla a mi gusto; es excesivamente
curva, algo corta, el puño sin guarnición; en
una palabra, de la forma denominada vulgarmente
moruna. Está admirablemente conservada; sus
grandes virolas son amarillas, labradas, y la
vaina que la sostiene es de un cuero negro graneado
semejante al del jabalí. La hoja es blanca enteramente,
sin pavón ni ornamento alguno. A su lado estaban
también las pistolas grandes, inglesas, con
que nuestro guerrero hizo la campaña del Pacífico.
"Vista la espada, se venía naturalmente el deseo
de conocer el trofeo con ella conquistado. Tuve,
pues, el gusto de examinar muy despacio, el
famoso estandarte de Pizarro, que el Cabildo
de Lima regaló al general San Martín en remuneración
de sus brillantes hechos. Abierto completamente
sobre el piso del salón, le vi en todas sus
partes y dimensiones. Es como de nueve cuartas
nuestras de largo y su ancho como de siete cuartas.
El fleco de seda y oro ha desaparecido casi
totalmente. Se puede decir que del estandarte
primitivo se conservan apenas algunos fragmentos
adheridos con esmero a un fondo de seda amarillo.
El pedazo más grande es el del centro, especie
de chapón, donde sin duda estaba el escudo de
armas de España, y en que hoy no se ve sino
un tejido azul confuso y sin idea ni pensamiento
inteligible. Sobre el fondo amarillo o caña
del actual estandarte, se ven diferentes letreros,
hechos con tinta negra, en que se manifiestan
las diferentes ocasiones en que ha sido sacado
a las procesiones solemnes por los alférez reales
que allí mismo se mencionan "¿Quién, sino el
general San Martín, debía poseer este brillante
gaje de una denominación que había abatido con
su espada? Se puede decir con verdad que el
general San Martín es el vencedor de Pizarro:
¿a quién, pues, mejor que al vencedor, tocaba
la bandera del vencido? La envolvió a su espada
y se retiró a la vida oscura, dejando a su gran
colega de Colombia la gloria de concluir la
obra que él había casi llevado hasta su fin.
Los documentos que a continuación de esta carta
se publican por primera vez en español, prueban
de una manera evidente que el general San Martín
hubiera podido llevar a cabo la destrucción
del poder militar de los españoles en América,
y que aún lo solicitó también con un interés,
y una modestia inaudita en un hombre de su mérito.
Pero, sin duda, esta obra era ya incumbencia
de Bolívar; y éste, demasiadoceloso de su gloria
personal, no quiso cederla a nadie. El general
San Martín, como se ve, pues, no dejó inacabado
un trabajo que hubiera estado en su mano concluir.
"El actual Rey de Francia, que es conocedor
de la historia americana, habiendo hecho reminiscencia
del general San Martín en presencia de un agente
público de América, con quien hablaba a la sazón,
supo que se hallaba en París desde largo tiempo.
Y como el Rey aceptase laoferta que le fue hecha
inmediatamente de presentar ante S.M. al General
americano, no tardó éste en ser solicitado con
el fin referido; pero el modesto general, que
nada tiene que hacer con los reyes, y que no
gusta de hacer la corte, ni de que se la hagan
a él; que no aspira ni ambiciona a distinciones
humanas pues que está en Europa, se puede decir,
huyendo de los homenajes de catorce repúblicas,
libres en gran parte por su espada, que si no
tiene corona regia, la lleva de frondosos laureles,
en nada menos pensó que en aceptar el honor
de ser recibido por S. M., y no seré yo el que
diga que hubiese hecho mal en esto. "Antes que
el señor Marqués Aguado verificase en España
el paseo que le acarreó su fin, hizo las más
vehementes instancias a su antiguo amigo el
general San Martín para que le acompañase al
otro lado del Pirineos. El general se resistió
observándole que su calidad de general argentino
le estorbaba entrar en un país con el cual el
suyo había estado en guerra, sin que hasta hoy
tratado alguno de paz hubiese puesto fin al
entredicho que había sucedido a las hostilidades;
y que en calidad de simple ciudadano le era
absolutamente imposible aparecer en España,
por vivos que fuesen los deseos que tenía de
acompañarle. El señor Aguado no considerando
invencible este obstáculo, hizo la tentativa
de hacer venir de la Corte de Madrid el allanamiento
de la dificultad. Pero fue en vano, porque el
gobierno español, al paso que manifestó su absoluta
deferencia por la entrada del general San Martín
como hombre privado, se opuso a que lo verificase
en su rango de general argentino. El Libertador
de Chile y el Perú, que se dejaría tener porhombre
oscuro en todos los pueblos de la tierra, se
guardó bien de presentarse ante sus viejos rivales,
de otro modo que con su casaca de Maipo y Callao;
se abstuvo, pues, de acompañar a su antiguo
camarada. El señor de Aguado marchó sin su amigo
y fue la última vez que le vio en la vida. Nombrado
testamentario y tutor de los hijos del rico
banquero de París, ha tenido que dejar hasta
cierto punto las "habitudes" de la vida inactiva
que eran tan funestas a su salud. La confianza
de la administración de una de las más notables
fortunas de Francia, hecha a nuestro ilustre
soldado, por un hombre que le conocía desde
la juventud, hace tanto honor a las prendas
de su carácter privado, como sus hechos de armas
ilustran su vida pública.
"El general San Martín habla a menudo de la
América en sus conversaciones íntimas con el
más animado placer; hombres, sucesos, escenas
públicas y personales, todo lo recuerda con
admirable exactitud. Dudo, sin embargo, que
alguna vez se resuelva a cambiar los placeres
estériles del suelo extranjero por los peligrosos
e inquietos goces de su borrascoso país. Por
otra parte, ¿será posible que sus adioses de
1829, hayan de ser los últimos que deba dirigir
a la América, el país de su cuna y de sus grandes
hazañas?" Juan B. Alberdi UNA VISITA A SAN MARTÍN
(Diario de un viaje a Europa)
En 1844, el visitante es otra personalidad
argentina: Florencio Varela. El general tiene
casa en París y conserva su propiedad de Grand-Bourg.
He aquí cómo relata Varela sus impresiones:
"Febrero 29 de 1844. Hoy he visitado en su
casa al general San Martín, primer guerrero
de nuestro país, a quien se debe la mayor parte
de nuestras gloriasnacionales y la mejor escuela
militar que hemos tenido. Está viejo, pero fuerte,
y su espíritu completamente despejado. Tiene
ahora 65 años. Pasé un rato muy agradable con
él y su familia hablando constantemente de nuestro
país.
"Abril 7 de 1844. Día Domingo. Temprano fui
con mi amigo don Manuel Guerrico, a tomar el
camino de fierro (el tren) que conduce a Orleans,
para ir a la casa de campo del general San Martín,
en un paraje llamado Grand- Bourg, como a seis
leguas de París.
El general es sumamente aficionado al campo,
y desde que pasa la estación del frío, se retira
a aquella casa de campo, propiedad suya, donde
se entrega al cultivo de plantas y árboles frutales
a que tiene grande afición. Con él va su familia
toda.
"Hace dos días que le anuncie que hoy iría
a despedirme de ellos y aceptó la propuesta
de pasar el día en su compañía. El joven Balcarce,
yerno del general, nos esperaba en la estación
del camino y antes de ir a su casa, me llevó
a visitar un establecimiento de jardinería en
un punto llamado Tromant, del cual han salido
las plantas que conmigo llevo, escogidas y acomodadas
bajo la dirección del mismo Balcarce, muy inteligente
en eso. Es la primera vez que veo jardinero
en la escala del establecimiento de Tromant,
como también el arte y la inteligencia con que
se cuidan y se mejoran las plantas, y aun seproducen
muchas variaciones y especies. En uno de los
invernáculos de esta casa, he visto una colección
de camelias en que hay más de trescientas variedades
de esaplanta, según nos dijo su director, variedades
que consisten, no sóloen el color de la flor,
sino en su tamaño, su hechura, su constitución
más o menos doble, y en otras circunstancias
que escapan al examen del que, como yo, es vulgar
en la materia. "Este bello establecimiento tuvo
por casa la rica colección de plantas de la
Emperatriz Josefina, que esta mujer desventurada
regaló a su secretario particular, cuando los
sueños políticos de su marido la arrojaron a
un tiempo del lecho conyugal y de los palacios
imperiales.
"Muy agradable día pasé en la casa del general
San Martín, y esta última visita al veterano
de nuestra independencia, a quien tal vez no
volveré a ver, ha tenidopara mí muchos motivos
de vivísimo interés.
"Desde luego he visto, con indecible gusto,
el famoso estandarte que Francisco Pizarro trajo
a la conquista del Perú, el más antiguo y más
interesante monumento de aquella época de regeneración
y de sangre, de exterminio y de progreso para
la América. No se de dónde he sacado, pero tengo
por un hecho que ese estandarte fue hecho por
las manos de doña Juana la Loca, hija desventurada
de la altísima matrona que diestró el trono
de Castilla, y madre del nuevo César Carlos
V. El general San Martín halló ese estandarte
en Lima, cuando la ocupó en 1821 y le llevó
consigo al salir del Perú, acompañado con un
documento que le dio el Cabildo de aquella capital,
certificando la autenticidad del estandarte,
que, por otra parte, no necesita que nadie lo
certifique, pues habla bien claramente por sí.
"El estandarte es de forma cuadrilonga; tiene
de largo cuatro varas y un tercio. Es de un
genero de seda parecido al raso pajizo, como
el que llamamos color de ante, aunque sospecho
que debía ser amarillo, y que el tiempo y el
uso lo han alterado. Está lleno de remiendos
de raso amarillo, mucho más nuevos que la tela
original, puestos antes que Lima fuese tomada.
En el centro tiene un escudo, de la hechura
figurada en el margen cuyo contorno es colorado
y el centro azul turquí. "Parece que hubo algo
bordado en el centro, pero hoy sólo se distinguen
algunos labores toscos e irregulares, hechos
de un cordoncillo de seda que debía ser rojo
cosido a la tela, como los bordados de trencilla
que hacen nuestras damas. "Los españoles, que
desde el principio de la conquista, mostraron
no comprender la importancia de conservar los
monumentos de la época, que condenaron a vandálica
destrucción los de los aborígenes y descuidaron
y perdieron los propios, parece que conservaron
ese mismo espíritu hasta los últimos días de
su dominación en América; y el estandarte de
Pizarro, símbolo de las glorias españolas, fue
singularmente desfigurado, insultado también
por los que debieron haberlo custodiado con
veneración.
"Era costumbre en Lima, pasear el afamado estandarte
por las calles de la ciudad en ciertas solemnidades,
y entre otras en la elección anual del Cabildo.
No sé si antes del principio de este siglo,
se conservaba el recuerdo de la persona que
sacaba el estandarte; pero después de 1803,
adoptaron el más torpe modo de conservarle:
el de pegar un parche de raso, con un letrero
impreso, recordando el acontecimiento, lo que
se repitió con varias interrupciones hasta 1820,
de modo que la venerable tela está toda emplastada
de diez parches con las inscripciones siguientes:
"Año de 1803. Sacó este estandarte real el
Teniente Coronel D. Andrés de Salazar y Muñatorres,
Alcalde ordinario de primer voto.
"Año de 1804. Sacó este estandarte real el
Alguacil Mayor de esta ciudad D. José Antonio
de Ugarte. "Sacó este estandarte real D. Tomás
Vallejo y Sumará, Regidor y Alcalde Provincial
de la Santa Hermandad de esta ciudad, en el
año 1805.
"Sacó este estandarte real el Señor don Gaspar
deZeballos y Caldor, Marqués de Casa Calder,
Alcalde Ordinario de 1er. voto, en el año 1807.
"En el presente año de 1815, sacó el estandarte
real el Señor D. José Antonio de Erres, Teniente
Coronel del Regimiento de Dragones de esta capital,
Alcalde Ordinario de primer voto, con acuerdo
del Excmo. Cabildo y ausencia del Señor Alférez
Real. "Sacó este estandarte real el Señor D.
Francisco Moreira y Matute, Teniente Coronel
de Caballería, Contador Mayor del Tribunal y
Audiencia Real de cuentas de este Reino y Alcalde
ordinario de esta ciudad, año de 1816.
"Sacó este estandarte en el presente año de
1817 el Señor D. Isidoro de Costázar y Abarca,
conde de San Isidro y Capitán de Fragata de
la Real Armada, retirado, siendo alcalde de
1er. voto.
"Sacó este estandarte real en el presente año
de 1818, el señor D. Manuel de la Puente y Querejazú,
del Orden de Santiago, Marqués de Villa Fuerte
y Teniente Coronel de Dragones de Caballería,
siendo Alcalde Ordinario.
"En el presente año de 1819 sacó este Estandarte
Real, el Señor D. José Manuel Blanco de Azcona,
del orden de Alcántara, teniente coronel de
milicias, Regidor de este Excmo. Cabildo y Alcalde
Ordinario de primer voto. "Sacó este estandarte
real en el año de 1820, el Señor D. José Tomás
de la Casa y Piedra García, Capitán de Granaderos
del Regimiento de Infantería de línea de voluntarios
distinguidos de la Concordia Española del Perú,
tesorero de las rentas decimales del arzobispado,
siendo alcalde ordinario de esta Capital".
"Ya en el siguiente año de 1821, no había Alférez
Real que sacara el estandarte: la capital de
los reyes estaba en poder de las armas libertadoras.
Pero ¿a que conducían aquellos parches ridículos
cosidos en el estandarte de la conquista? ¿No
son ellos una prueba más del vergonzoso abrazo
de los dominadores de la América? Sé que Chile
ha hecho algunas tentativas para obtener del
Jefe del Ejército de los Andes que ceda el estandarte
a aquella República; pero no tengo recelo de
que él se desprenda jamás de esa joya, sino
es en favor de su patria, con cuyos recursos
se hizo la memorable campaña. El general cuida
con esmero el estandarte. Como estaba deshaciéndose
en pedazos, hace algunos años que le hizo poner
por el revés un forro blanco contra el cual
están cosidos los pedazos que se desprendían
de la tela original. He dado algunos pasos para
obtener un dibujo exacto de ese precioso documento
y espero conseguirlo. "Desde que llegué a París
supe que el general San Martín huye cuanto puede
de hablar de los sucesos de Buenos Aires y aun
de su propia carrera pública. Sin embargo, la
primera vez que le visité, primera que él me
había visto, dijo en el tono del convencimiento
y del, que de toda la parte que él conoce de
la América, Buenos Aires es el pueblo más ilustrado
y mis más dispuesto a la civilización.
"Hemos pasado algunas horas conversando sobre
su vida pública, especialmente sobre sus campañas
de Chile y el Perú: he oído su juicio respecto
de varios de los jefes y oficiales que con él
sirvieron, y sabido algunas anécdotas curiosas.
Hablando del desgraciado general Lavalle, me
dijo: "Lavalle era un oficial notable por su
moral, por su conducta excelente para mandar
un escuadrón, valiente como el que más, pero
sin cabeza y completamente incapaz para dirigir
cosa alguna".
"Los últimos años de la carrera pública de
aquel jefe, han mostrado la exactitud de este
juicio de su antiguo general. "Entre las anécdotas
que me refirió, recuerdo lo siguiente: Inmediatamente
después de la memorable batalla de Maipo, que
decidió de la suerte de Chile, el general recibió
un chasque de Director Supremo Pueyrredón, con
oficios en que éste ordenaba que exigiera del
vecindario y comercio de Chile una contribución
de millón y medio de duros, para indemnización
de los gastos de la campaña. Sin comunicar a
persona alguna el contenido de esos despachos,
contestó al Directorio manifestando lo impolítico
de semejante medida, que desmentiría todas las
promesas del Ejército, haciéndole aparecer como
conquistador en vez de Libertador de Chile,
y que indispondría al país, empobrecido ya por
las exacciones de los españoles, contra los
que, con el nombre de amigos, los expoliaban
como aquellos." Florencio Varela"