En meduloso estudio el Dr. Christmann sostiene
que no se trató del cólera epidémico, que es
gravísimo, sino del cólera morbus-nostras esporádico,
cuyo cuadro patológico es un proceso toxico-
infeccioso con gran repercusión general y, en
la parte digestiva, manifestado por una gastroenteritis
con diarrea. En la época de su padecimiento
no se conocía la bacteriología (el vibrión colérico
y el bacilo de la tuberculosis fueron descubiertos
por Robert Koch en 1892). El agente etiológico
pudo haber sido algún otro germen: este es el
enigma que no puede ser dilucidado. Lo único
elocuente es el testimonio de San Martín con
su referencia: "Me atacó del modo más terrible,
que me tuvo al borde del sepulcro y me ha hecho
sufrir inexplicables padecimientos."
AFECCIONES RESPIRATORIAS
a) Asma: sin ninguna duda San Martín padeció
esta enfermedad. Se inició en España en 1808
y el proceso fue diversamente interpretado pues,
por la intensidad que adquirió, se vio obligado
a pedir licencia. No guardó el debido reposo
y durante seis meses cumplió tareas administrativas.
Cuando se repuso, comunicó la mejoría al marqués
de Coupigny y solicitó reintegrarse al ejército
que comandaba el general Castaños, consignando
que "la respiración ya me permite viajar." La
frase empleada significa que el prócer tenía
dificultad respiratoria y las vías bronquiales
se habían estrechado: el proceso que padeció
fue asma. El primer acceso, ya regresado a su
patria, lo tuvo en Tucumán cuando era jefe del
Ejército del Norte. El episodio fue coetáneo
con el primer vómito de sangre. A principios
del siglo XIX no se tenía la menor noción de
la etiopatogenia y la fisiopatología y, por
supuesto, la terapéutica era nula, pero la entidad
asma se conocía y el diagnóstico era fácil.
El asma que padeció el general San Martín debe
encuadrarse en la variedad de la exoalergénica,
pues se inició a los 30 años, y soportó accesos
importantes que lo obligaron en ciertas oportunidades
- estando en Mendoza- a pasar toda la noche
sentado en una silla para poder respirar. En
Europa sus accesos se fueron espaciando y tuvo
largas temporadas en que se vio libre de ellos.
A pesar de tener que soportar grandes cambios
climáticos y fríos intensos, por su oficio guerrero,
nunca contrajo la bronquitis.
Otro dato confirma la presunción de asma exoalergénica.
Es una noción clínica importante que el asma
intrínseca y la tuberculosis se agravan a orillas
del mar. En 1834 San Martín fue a Dieppe a tomar
baños y en la carta que dirigió a Guido le expresaba:
"me han hecho el mayor bien."
b) Tuberculosis: se pensó que San Martín padeció
de tuberculosis pulmonar. El diagnóstico se
basó en sus reiteradas enfermedades al pecho
y sus vómitos de sangre, que se juzgaron como
hemoptisis. El primer episodio ocurrió en España,
en 1808, y con una repetición ulterior cuando
estuvo en Tucumán. La hipótesis fue robustecida
por el hecho de que efectuó una cura climática
en Córdoba. A esto se agregó la tuberculosis
pulmonar que padeció su mujer, según algunos,
adquirida por contagio de su marido. La conclusión
que San Martín estuvo afectado de tuberculosis
es errónea: juicios sensatos y la documentación
existente así lo prueban. Cuando San Martín
padeció desde 1808 el asma, tuvo una larga convalecencia
que despertó la sospecha de una bacilosis.
La suposición de una tuberculosis queda descartada,
pues cuando pidió la baja del ejército se deja
constancia que tiene una fuerte complexión y
una salud robusta. Por otra parte, la carta
que el cirujano del ejército Dr. Juan Isidro
Zapata dirigió a Tomás Guido el 16 de julio
de 1817, es terminante para reafirmar dos conceptos:
el general San Martín antepuso el deber y su
patria a su propia existencia y sus enfermedades
y, segundo, que fue decisiva la influencia del
sistema nervioso en la renuencia y agravación
de sus males. Desde el punto de vista semiológico,
no establece de dónde provenía el "hematoe",
nombre que en la época se daba a la sangre azul
expulsada por la boca. El texto no discrimina
si se trataba de una hemoptisis o una hematemesis,
en que la sangre proviene del pulmón o del estómago,
respectivamente. Para que fuera una hemoptisis
le falta un cortejo sintomatológico característico
que no se halla en la descripción de Zapata.
En la hematemesis, la iniciación y la terminación
de la hemorragia son bruscas: en esta condición
encuadra la pérdida de sangre del general San
Martín.
Mitre y Rojas emitieron este juicio: padeciendo
una tuberculosis, enfermedad astenizante, crónica
a rebrotes evolutivos que llevan a la caquexia,
San Martín no habría podido soportar los intensos
fríos y escalar altas montañas. En los diez
años de su trajinada vida militar, aún enfermo,
no descansó un solo día (Rojas), y Ruiz Moreno
agregó: "no existe documento que consigne que
tuvo fiebre, tos y expectoración". Por todo
ello, la tuberculosis pulmonar debe descartarse.
REUMATISMO
Es indiscutible que San Martín tuvo numerosos
ataques reumáticos: se calculan unos diez o
doce los sufridos durante su vida. El Dr. Aníbal
Ruiz Moreno ha realizado al respecto un exhaustivo
trabajo. Por su autoridad y el acierto de sus
consideraciones, resumimos sus conclusiones:
se sabe que el día de la batalla de Chacabuco
el general San Martín estaba aquejado de un
ataque reumático-nervioso que apenas le permitía
mantenerse a caballo. En una carta que dirigió
al congresal Tomás Godoy Cruz, le expresaba:
"mi salud está arruinada." Ruiz Moreno hace
consideraciones exactas por las que se puede
descartar la fiebre reumática, que es más frecuente
en los adolescentes y ataca en un alto alto
porcentaje al corazón. Se puede afirmar que
el prócer no padeció del corazón, pues no hubiera
podido soportar los esfuerzos a que sometió
su organismo. También excluyo la artritis reumatoide,
que es deformante y hubiera dejado secuelas
que habrían sido exteriorizadas en los cuadros
que se pintaron y, principalmente, en el daguerrotipo
de 1848, dos años antes de su muerte.
PATOLOGÍA DEL APARATO DIGESTIVO
Padeció de úlcera, gastritis, hemorroides gangrenadas
y estreñimiento. Nos detendrá el estudio de
la úlcera; la gastritis no está confirmada,
pero se la sospecha por la confesión del prócer,
que comía sólo "para no tentarme con los manjares
y la debilidad de mi estómago." La úlcera fue
la principal patología de San Martín, desde
1814, en que una hematemesis marcó la iniciación
clínica, hasta el 17 de agosto de 1850, en que
una nueva hemorragia lo llevó al deceso. La
semiología exigida para formular el diagnóstico
de úlcera está ampliamente reunida en la sintomatología
que padeció el general San Martín, con una cronología
perfecta:
a) tuvo períodos de reposo de su lesión, en
que se encontró bien; b) períodos de actividad:
ya hemos referido las gastralgias repetidas.
Dolores que fueron cíclicos con las comidas,
o sea, que tuvieron ritmo diario y que se deducen
por la confesión del prócer en la carta dirigida
a Guido en 1845, en que manifestaba: "cerca
de cuatro meses de continuos padecimientos en
que no podía tomar el menor alimento sin que,
a la hora, me atacasen cólicos sumamente violentos."
c) Dolores ultratardíos: los presentaba a las
cuatro de la madrugada (probablemente lo despertaban),
tomaba un brebaje para calmarlos y, desde ese
momento, comenzaba las tareas del día. Ceballos
los interpretó como dolores en ayuna.
d) Periodicidad anual: lo refleja la circunstancia
que repitiera, casi anualmente, épocas libres
de síntomas. Fue la sintomatología que experimentó
en Europa. especialmente entre 1841 y 1850.
En 1847, en la carta a Guido del 27 de diciembre,
hace referencia a los "tres ataques nerviosos"
(así llamaba a sus episodios de dolor gástrico),
y en la que le enviara un mes después expresaba:
"yo me hallaba batallando con mi periódico dolor
de estómago". Si alguna duda quedara, debemos
remontarnos al año 1821 en que, durante su estadía
en el Perú, su úlcera tuvo dos empujes evolutivos
en ese año, confirmados por menciones realizadas
al respecto en la correspondencia del prócer
al general chileno Luis de la Cruz y a su amigo
el general O'Higgins.
COMPLICACIONES
En el caso de San Martín, estuvieron representadas
por las hemorragias y la fiebre. Las hemorragias
fueron muy importantes y pusieron en peligro
su vida. Es interesante recordar algunos episodios,
como el primero, sufrido en Tucumán, y los reiterados
que tuvo en Mendoza. El 1º de enero de 1816
año de la reunión del Congreso de Tucumán, lo
sorprendió con otro episodio. El Libertador
lo menciona en la carta a Godoy Cruz: "un furioso
ataque de sangre y en consecuencia una extrema
debilidad me han tenido 19 días postrado en
mi cama." Ya fue mencionada la hemorragia padecida
en el Perú y la última que le llevó a la muerte,
merecerá una consideración especial.
Cabe una pregunta: ¿La úlcera fue gástrica
o duodenal? Sin la documentación incontrastable
de la radiología o de la autopsia, para afirmar
la localización, todas las consideraciones son
elucubraciones y no se puede emitir una afirmación
categórica. No obstante, nos inclinamos por
la implantación duodenal. MANIFESTACIONES NERVIOSAS:
San Martín padeció de insomnio, excitaciones
nerviosas y temblor de la mano derecha. Las
causas de estos padecimientos deben buscarse
en las largas y agotadoras jornadas de trabajo,
sus preocupaciones y sus disgustos. Respecto
del insomnio, dijo: "Lo que no me deja dormir
no son los enemigos, sino cómo atravesar esos
inmensos montes." En 1818 padeció un temblor
en la mano derecha que le impedía escribir.
La manifestación no ha tenido explicación y
probablemente no la tendrá nunca. Por otra parte
fue transitoria.
También sus enfermedades dejaron su marca.
En la carta que en 1837 dirigió a su gran colaborador
Toribio de Luzuriaga, le refería: "Desde el
año '33, en que fui atacado de cólera, me quedó
una enfermedad de nervios que me ha tenido varias
veces a las márgenes del sepulcro; en el día
me encuentro restablecido a beneficio de los
aires del campo en donde vivo y, más que todo,
a la vida enteramente aislada y tranquila que
sigo." Es muy difícil ubicar semiológicamente
a esa manifestación; de la misma opinión es
Ruiz Moreno. Es razonable pensar que la acción
tóxica de las infecciones que sufrió pudo gravitar
sobre el cerebro. Tampoco surge la luz de las
mismas descripciones de San Martín, pues a los
espasmos de su úlcera los ha descrito como cólicos
sumamente violentos o ataques nerviosos al estómago,
y la consecuencia es una gran debilidad con
desarreglo de funciones. El mismo prócer percibió
que le producía un estado muy irritable.
La explicación de las manifestaciones nerviosas
de San Martín debe buscarse en las toxemias
que sufrió su cerebro con los procesos infecciosos
que soportó, en sus tensiones síquicas, en lo
mucho que sufrió física y moralmente, en sus
largas jornadas de trabajo y en la responsabilidad
que cargó sobre sus hombros. No debe haberse
inmutado en el fragor del combate, pues él era
un guerrero, pero su espíritu sensible se sacudió
más de una vez frente al cuadro de desolación
y muerte que ante su vista ofrecía el campo
de batalla.
CATARATAS
Le afectaron en el último lustro de su existencia.
Un año antes de su fallecimiento fue operado,
con un pobre resultado. Perdida la esperanza
de recuperar la visión, se acentuó su carácter
melancólico y taciturno, prefiriendo el aislamiento
y la soledad. Según el concepto actual, la patología
que afectó al general San Martín fue de las
enfermedadesde la civilización. Por lo menos
cuatro de ellas encuadran dentro de este concepto:
el asma, el reumatismo, la úlcera y las manifestaciones
nerviosas. El paradigma de las enfermedades
de la civilización, que magistralmente analizó
y difundió el Dr. Mariano R. Castex, es la úlcera,
especialmente con implantación duodenal.
CAUSAS DEL FALLECIMIENTO
Se debió a una hemorragia cataclísmica, consecuencia
del empuje de su úlcera. Se han formulado varias
hipótesis:
1) Por claudicación del ventrículo derecho,
en un corazón pulmonar crónico, consecutivo
a una fibrosis pulmonar postuberculosis. San
Martín no tuvo tuberculosis ni tampoco fibrosis,
que es una causa muy infrecuente de hipertensión
pulmonar y de corazón pulmonar crónico. Jamás
San Martín tuvo insuficiencia cardíaca; no existe
ninguna referencia que se le hincharan los pies.
2) Por muerte cardíaca:
a) Por infarto: surge de la referencia de Mitre
que San Martín, cuando el 6 de agosto se encontraba
frente al canal de la Mancha, se llevó la mano
al pecho. El prócer pudo haber tenido un angor
o bien un episodio de disnea debido a su anemia,
que era indudable, pues le faltaban las fuerzas
y su debilidad fue creciente. En ese estado
pudo haber sufrido cualquiera de los dos síntomas,
pero fueron pasajeros pues no se hace otra mención
en los diez días finales.
b) Por hipertrofia cardíaca: sugirió esta causa
Mr. Gérard, abogado. El diagnóstico en esa época,
en ausencia de rayos X, se hacía con la percusión,
método falaz muy poco empleado.
c) Por rotura de un aneurisma: formularon esta
sugerencia autores como Mitre y Otero. La rotura
conforma un síndrome perforativo, y el dolor
que produce es violentísimo (llamado en puñalada):
el dolor que tuvo San Martín fue el habitual,
localizado en el epigastrio, y repetimos la
descripción del prócer: "yo me hallaba batallando
con mi periódico dolor de estómago." En el episodio
final tuvo una alcamia y luego reagudeció con
intensidad. El dolor debido a perforación de
un aneurisma no da tregua al paciente y la intensidad
es creciente. Las hipótesis por muerte cardíaca
deben desecharse, no resistiendo el análisis
clínico.
3) Por cáncer: insinuaron esta posibilidad
distinguidos médicos que, seguramente, fundamentaron
el diagnóstico en la inapetencia y la delgadez
de San Martín. En los períodos evolutivos de
su úlcera, su estado se alteraba ostensiblemente.
En 1819 el comerciante y viajero inglés Samuel
Haigh ha dejado una descripción magistral del
estado de salud de San Martín: "encontré al
héroe de Maipú en su lecho de enfermo y con
un aspecto tan pálido y enflaquecido que, a
no ser por el brillo de sus ojos, difícilmente
lo habría reconocido; me recibió con una sonrisa
lánguida y extendió la mano sudorosa para darme
la bienvenida." La inapetencia sigue repetida
en la carta a O'Higgins y en la referencia de
Iturregui y Valdés Carrera.
En los períodos de remisión experimentaba una
excelente recuperación: así lo conoció Alberdi.
Pero en Europa, la inapetencia fue casi permanente
y veinte o más años es un lapso demasiado prolongado
para un cáncer A veces limitaba su alimentación
por temor a los dolores. Además, si bien tenía
inapetencia y comía moderadamente, no tenía
repugnancia ni aversión electiva por ningún
alimento. Este dato está bien documentado en
el relato de Mariano Balcarce, sobre su última
comida: si bien frugalmente, comió sin repugnancia.
Por otra parte, un canceroso entra en un estado
de caquexia progresiva; en el último mes queda
confinado al lecho y, en algunos casos aparece
el clásico edema de hambre que presagia un fin.
La hipótesis de la muerte por cáncer también
debe ser descartada.
4) Por complicación de su úlcera. En su caso
son dos las posibles complicaciones: la perforación
y la hemorragia. Por diversas consideraciones
clínicas, la perforación debe descartarse. La
hemorragia fue la causa final de la muerte de
San Martín y no la pueden explicar quienes se
han limitado a informarse por el relato de Félix
Frías. Augusto Barcia Trelles dice textualmente:
"Eran las dos de la tarde cuando San Martín
se sintió atacado por las torturas de las gastralgias
y presa de un frío que paralizaba la sangre."
Fue colocado sobre el lecho de su hija, que
lo abrazó con enorme emoción. San Martín, acariciándola,
le dijo: "Mercedes, ésta es la fatiga de la
muerte", y volviéndose hacia Balcarce, con una
terrible fatiga que llegaba a dificultar la
emisión de su voz le dijo, casi deletreándolas,
estas cuatro palabras: "Mariano a mi cuarto".
No transcurrió un minuto y el cuerpo de San
Martín sufrió una fuerte sacudida. El Había
muerto a las tres de la tarde del 17 de agosto
de 1850! Esta sucinta descripción está tomada
de textos de Frías, Gérard, Vicuña Mackenna,
Rosales y Otero. El frío que paralizaba su sangre,
según Barcia Trelles, o el frío glacial que
comenzó a discurrir por sus extremidades, según
Otero, constituyeron la base para fundamentar
el diagnóstico del shock hemorrágico final.
Podemos hacer un resumen de la sintomatología
que experimentó el general San Martín: es una
página del libro de la patología ulcerosa, con
sus tres períodos: de reposo, de actividad y
de complicaciones.
En el primero, libre de síntomas, debió cuidar
su alimentación para no provocar la exacerbación
de la úlcera: ello explica que comiera solo,
para no tentarse con manjares. En el segundo,
vivió atormentado por los dolores que duraron
semanas y, a veces, sobrepasaron el mes. Esos
períodos alternaron con otros de acalmia. En
el tercer período, que es variable para cada
paciente, nunca tuvo un síndrome pilórico, aunque
algunas veces tuvo vómitos. La complicación
se presentó con las hemorragias que iniciaron
la escena clínica de 1814 y la final, cataclísmica,
que lo llevó a la muerte el 17 de agosto de
1850.