SAN MARTÍN EN CÓRDOBA
En abril de 1814, San Martín cayó enfermo en Tucumán
y pidió permiso al Gobierno para pasar a Córdoba en
busca de salud. Hubo quienes creyeron que se trataba
de un pretexto para dejar el ejército. En una casa
de campo de Córdoba, le visitó el ilustre general
Paz, entonces oficial del ejército del Norte Ensus
Memorias cuenta lo siguiente:
"Al principiar el invierno, (año 1814) se generalizó
en el ejército que una dolencia en el pecho aquejaba
al general San Martín; no salió de su casa en muchos
días; la retreta no tocaba a su puerta para que el
ruido no le incomodase y se hacía guardar el mayor
silencio a los que llegaban a informarse de su salud
o con otro motivo. Poco después salió al campo, y
luego de estar cerca de un mes en una estancia, partió
para Córdoba con pretexto siempre de buscar temperamento
adaptado a su estado de salud. Por entonces se dudaba
de la certeza de su enfermedad, pero luego fue de
evidencia que ella era un mero pretexto para separarse
de un mando en que no creía deber continuar.
"Cuando llegué a Córdoba, estaba el general San Martín
en una estanzuela, a cuatro leguas de la ciudad, siempre
diciéndose enfermo. Estuve a visitarlo con otras personas;
nos recibió muy bien y conversó largamente sobre nuestra
revolución. Entre otras cosas dijo: "Estar evolución
no parece de hombres sino de carneros." Para probarlo
refirió que ese mismo día había venido uno de los
peones de la hacienda a quejársele de que el mayordomo,
que era un español, le había dado unos golpes por
faltas que había cometido en su servicio. Con este
motivo exclamó: "¡Quéles parece a ustedes; después
de tres años de revolución, un maturrango se atreve
a levantar la mano contra un americano! ¡Esta es,
repitió, revolución de carneros!" La contestación
que había dado al peón, era en el mismo sentido, de
modo que los demás se previnieron para cuando aconteciese
un caso semejante. Efectivamente, no pasaron muchos
días, y, queriendo el mayordomo hacer lo mismo con
otro peón, éste le dio una buena cuchillada, de la
que tuvo que curarse por mucho tiempo.
"Se dijo que se le había ofrecido al general San
Martín el gobierno de Córdoba y que no lo admitió,
mas aceptó el de Mendoza, adonde marchó. Con suvista
perspicaz, parece que veía los desastres que iban
a ocurrir en Chile y la importancia política que iba
a adquirir la provincia de Mendoza, debiendo ser la
cuna del ejército de los Andes que tantas glorias
dio a la patria y que puso en transparencia el mérito
superior del general que lo mandó." José María Paz.
LA ENFERMEDAD DE SAN MARTÍN EN MENDOZA
A fines de 1819, arrecia la oposición al gobierno
del Directorio. Rondeau ha sucedido aPueyrredón. En
Tucumán, una revolución encabezada por don Bernabé
Aráoz, proclama la autonomía de la provincia. El general
Belgrano es sometido a prisión. El Director llama
con insistencia al general San Martín para que se
oponga con sus fuerzas a los pueblos sublevados. San
Martín opta por pasar a Chile. "Debo seguir el destino
que me llama", escribirá después. Desde Chile explicó
largamente su actitud. La posteridad ha comprendido
bien su determinación. Quebrantado como nunca en su
salud, hubo de pasar esta vez los Andes en una camilla
y a hombros de sus soldados. El general Rudecindo
Alvarado, nos instruye sobre esos momentos de zozobra
en que el general San Martín adoptó una de las decisiones
supremas desu vida.
"Mis cuidados crecían al observar que los males del
general San Martín se agravaban notablemente y habían
llegado al punto de hacerse preciso le ocultara todas
las comunicaciones que se le dirigían y que yo contestaba.
Me afligía fuertemente el conocimiento que me asistió
de que la disciplina del batallón de Cazadores, de
San Juan, se hallaba muy relajada, con cuyo motivo
me trasladé a este punto por pocos días, bastantes
sin embargo a conocer la exactitud de mi sospecha,
notando de parte del jefe accidental una indiferencia
inexplicable con las faltas de los oficiales y torpe
rigor con las del soldado. Procuré con prudencia evitar
este mal y regresé a Mendoza decidido a pedir al general
San Martín me permitiera llevar ese cuerpo donde pudiera
yo tenerlo a la vista. El mal estado de la salud del
general era ya amenazante a su conservación, y aunque
yo excusara con escrupuloso celo llamar su atención
hacia objetos que pudieran agitar su ánimo, me decidí
a expresarle mis observaciones alarmantes sobre el
mal estado de moralidad del batallón Cazadores y la
premiosa urgencia de trasladarlo a Mendoza "El general,
que por las precauciones que se tomaban, ignoraba
las disposiciones amargantes de los pueblos argentinos
en esa época, resistió la traslación de Cazadores,
fundándose en que la reunión de dos cuerpos sería
más peligrosa; pero observé al general que mi pensamiento
era que el mismo día que el batallón se aproximara
a aquel punto, saldría el regimiento de "Cazadores
a caballo" a acantonarse en el pueblo de Luján, cinco
leguas al sur de Mendoza. Con manifiesta repugnancia
consintió el general en mi propuesta y yo, lleno de
esperanza, partí a San Juan a traer los Cazadores.
En muy pocos días se preparó lo necesario para movernos,
y la víspera de la marcha, en la lista de la tarde,
dirigí algunas palabras a la tropa que fueron contestadas
satisfactoriamente. Di la orden de marcha para las
cinco del día siguiente y me retiré a mi casa, donde,
pocas horas después, recibí un expreso del general
con una carta cuyo contenido era reducido a decirme
que se agravaba su enfermedad. Mi pronta presencia
en Mendoza se hacía necesaria, suspendiendo la marcha
del batallón si no se había verificado, resolución
que me hizo ver perdido aquel cuerpo que contenía
más de mil plazas.
"En conformidad con la referida disposición, se suspendió
la marcha de Cazadores y en el acto se practicó la
mía bajo el peso del más amargo desconsuelo.
"Encontré en Mendoza al general San Martín tan agravado
de sus dolencias, que desesperé de su conservación
y juzgué necesaria su inmediata traslación a Chile.
EI general me presentó una nota oficial que por mi
ausencia había llegado a sus manos, en que se le comunicaba
la revolución practicada en Tucumán y encabezada por
don Bernabé Aráoz en el año 1819. Más me fortifiqué
en mi idea de alejar al general a un punto seguro
como Chile, y llamé al sargento mayor de artillería
y comandante del parque para encargarle la construcción
de una camilla tan cómoda como fuera posible, previniéndole
el secreto, que él sin duda adivinó, por la prontitud
con que ejecutó mi encargo.
Preparado todo, incluso sesenta hombres que debían
cargar en sus hombros la camilla, invité al coronel
Necochea a que me acompañara para persuadir al general,
que se hallaba en San Vicente -una legua distante
de Mendoza- a aceptar el obsequio que le llevaba para
salvar su interesante vida y los respetos que le eran
debidos, próximamente amenazados por una revolución
general en la República. Bastante sorprendido el general
con nuestras observaciones, dijo que él no veía ese
peligro que le anunciábamos, y esforzando nuevas razones,
conseguimos al fin aceptara su marcha, no sin expresarnos
que cedía a la persuasión de sus amigos y no a sus
convicciones. La marcha a Chile se hizo inmediatamente
del modo preparado.
Veinte días no habían transcurrido desde la marcha
del general San Martín cuando el 10 de enero (1820)
se sublevó en San Juan el batallón de Cazadores, habiéndolo
hecho el ejército del general Belgrano en Arequito,
uno días antes. Conocidos estos reveses, que afectaron
bastante la moral de los pueblos de Cuyo, y aun de
la tropa que allí existía, llamé al regimiento Granaderos
a Caballo que se hallaba en San Luis, a ocupar el
cantón de Luján, en que se hallaba Cazadores a Caballo
que marchó para Chile el mismo día de la llegada de
Granaderos."Rudesindo Alvarado"