San Martín al vincularse a esa familia conquistaba
posición y atraía a las filas del Escuadrón
de Granaderos a Caballo, que estaba organizando,
a una pléyade de oficiales, como sus hermanos
políticos Manuel y Mariano y sus amigos, los
Necochea, Manuel J. Soler, Pacheco, Lavalle,
los Olazábal, los Olavarría y otros que llenaron
después con su espada páginas admirables en
la epopeya americana. Desde que San Martín conoció
a Remedios, como él llamaba a su tierna compañera,
se enamoró de ella y comenzó el idilio que terminaría
en el matrimonio celebrado en forma muy íntima
en la Catedral de Buenos Aires, el 12 de septiembre
de 1812. Fueron sus testigos "entre otros -dice
la partida original- el sargento mayor de Granaderos
a Caballo D. Carlos de Alvear y su esposa doña
Carmen Quintanilla.
No habían transcurrido tres meses de la fecha
en que se celebró la boda, cuando el coronel
San Martín recogía su primer laurel en los campos
de San Lorenzo, donde, como es sabido, muy poco
faltó para que doña Remedios quedase viuda.
Desde este instante su talla militar adquiere
contornos gigantescos y es el comienzo real
de su vida pública que terminaría simultáneamente
con los días de su esposa, once años después.
Cuando San Martín marchó a tomar el mando del
Ejército del Norte, Remedios quedó en Buenos
Aires. Fue en esa época cuando el ilustre soldado
sintió los primeros síntomas del grave mal que
debía alarmarlo en una gran parte de su agitada
existencia, mal que lo obligó a trasladarse
a la provincia de Córdoba, al establecimiento
de campo de un amigo, reponiéndose algún tiempo
después de sus dolencias. Cuando fue designado
Gobernador Intendente de la provincia de Cuyo,
su esposa lo acompañó en su estadía en Mendoza
y apenas llegó ella a esta ciudad, la casa del
General se transformó en alegre y hospitalaria,
en un centro radioso de la sociedad mendocina,
por obra de su exquisita cultura y el prestigio
de su bondad y virtudes. A ella concurrían los
oficiales y los jóvenes de la localidad que
después se agregaron, Palma, Díaz, Correa de
Sáa, los Zuloaga y Corvalán, que unidos a los
primeros cruzaron la cordillera y formando parte
de los vencedores, llegaron hasta la Ciudad
de los Virreyes, en el paseo triunfal que realizaron
a través de media América.
En el mes de enero de 1817, el Ejército de
los Andes emprendió la colosal empresa que debía
cubrirlo de laureles y su comandante en jefe
dejó el hogar para no volver a él sino de paso,
en los entreactos que le permitían sus victorias.
Así continuó el andar del tiempo y en 1819,
San Martín, que tenía su pensamiento aferrado
a la idea de afianzar la independencia de su
Patria atacando al enemigo en el centro de su
poderío, el Perú, pidió a su esposa que regresara
a casa de sus padres y así lo hizo "Remeditos",
revelando que era tan tierna como obediente
esposa. Ya tenía entonces a su pequeña Mercedes
de San Martín, que sería más tarde esposa de
D. Mariano Balcarce, única hija del matrimonio,
la cual había nacido en Mendoza, en 1816. Acompañáronla
en su viaje, su hermano, el Teniente Coronel
Mariano de Escalada, y su sobrina Encarnación
Demaría, que después fue señora de Lawson.
Remedios de Escalada de San Martín tras su
traslado de Mendoza a Buenos Aires vivió en
la casa de sus padres, y agravada la enfermedad
que padecía, por consejo médico debió trasladarse
a una quinta de los alrededores (actual Parque
de los Patricios), de propiedad de su medio
hermano Bernabé. Abatida y enferma, esperaba
siempre la vuelta de su esposo, anunciada tantas
veces. La muerte de su padre, acaecida el 16
de noviembre de 1821, agravó su malestar, justamente
en los momentos en que el héroe renunciaba a
los goces de la victoria y de las delicias del
poder, después de la célebre entrevista de Guayaquil,
y se retiraba para siempre de la escena política,
cerrando su vida pública con un broche de oro,
que deberá ser siempre profundamente comprendido
por las generaciones futuras, porque su renunciamiento
evitó la guerra civil en Sud América que habría
destruido la obra emancipadora iniciada en mayo
de 1810.
Profundamente atormentada por sus preocupaciones,
que facilitaron el desarrollo del terrible mal
en su delicado organismo, falleció en la quinta
en que se radicó para combatir su enfermedad
el 3 de agosto de 1823. San Martín se encontraba
en Mendoza y en junio había escrito su última
carta a D. Nicolás Rodríguez Peña, en que le
decía que habíale llegado el aviso de que su
mujer estaba moribunda, cosa que lo tenía de
"muy mal humor", pero sus propios males le impidieron
llegar a Buenos Aires para recibir de su esposa
el postrer beso, antes de iniciar viaje sin
retorno.
"Murió como una santa -refería su sobrina Trinidad
Demaría de Almeida, que rodeó su lecho en los
últimos instantes- pensando en San Martín, que
no tardó en llegar algunos meses después, con
amargura en el corazón y un desencanto y melancolía
que no le abandonaron jamás". De regreso en
Buenos Aires, el General San Martín -entre noviembre
de 1823 y febrero de 1824- hizo construir un
monumento en mármol, en el cementerio de la
Recoleta, para depositar en él los restos de
su Remeditos, en el que hizo grabar el siguiente
epitafio: "AQUI YACE REMEDIOS DE ESCALADA, ESPOSA
Y AMIGA DEL GENERAL SAN MARTIN"
Monumento que cubre los restos de la que "fue
digna hija, virtuosa esposa, madre amantísima,
patricia esclarecida y mujer merecedora del
respeto general"
Remedios de Escalada de San Martín figuró en
la Sociedad Patriótica, asistió al célebre "complot
de los fusiles", en que las damas patricias
se propusieron armarun contingente con su peculio
particular, y tomó parte en todas las iniciativas
promovidas por las mujeres de la época en pro
del movimiento emancipador.
El documento que redactan aquellas nobles damas
que se propusieron reforzar los contingentes
que bregaban por afianzar la independencia nacional,
con la famosa empresa llamada el "complot de
los fusiles", terminaba con las palabras siguientes:
"Yo armé el brazo de ese valiente que aseguró
su gloria y nuestra libertad."