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SU
ESPOSA: REMEDIOS
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» REMEDIOS
DE ESCALADA DE SAN MARTÍN - Enrique Yaben
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» AQUÍ
YACE REMEDIOS DE ESCALADA - Cesar H. Guerrero |
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AQUÍ YACE
REMEDIOS DE ESCALADA, ESPOSA Y AMIGA DEL GENERAL SAN MARTÍN
- César H. Guerrero
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El espíritu bondadoso y tierno de D. Remedios, dejó
al morir, un vacío en la sociedad porteña yun dolor
profundo en el corazón de su amado esposo que debió
añorarla hasta encontrar también él, su tumba en tierra
extraña, después de sufrir las alternativas de su
vida y de su propia enfermedad, aunque si bien consolado
por su querida hija que tan solícitamente lo cuidara.
Muchos años después de aquel triste desenlace, fue
bautizado con su nombre un Partido de la provincia
de Buenos Aires, en justiciero homenaje de su pueblo,
por haber sido la abnegada esposa del gran visionario,
y haber muerto cuando le sonreía el porvenir, unida
al Libertador de medio continente, el apuesto caballero
que aparte de ser un militar de jerarquía era un hombre
sociable, amante de la música y del baile, aunque
a veces severo con la disciplina de su tropa. Y si
bien era elegante, no lo envanecía el lujo, la pompa
ni la gloria.
A este hombre providencial estuvo unido el destino
de Remedios de Escalada, sin pensar a donde la llevaba,
a ella, una jovencita nacida y criada sin conocer
los vaivenes de la vida, mimada de sus padres y de
la sociedad en que actuaba, desenvolviéndose "en el
hogar virtuoso y aristocrático" de los Escalada de
la Quintana. Era su padre un rico comerciante, y su
madre, de las principales familias de Buenos Aires,
de los salones lujosos del Virreynato, y sus hermanos,
Mariano y Manuel, futuros compañeros de armas del
cuñado en el cuerpo de oficiales del Ejército que
éste comandaba.
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Todo esto la había hecho iniciar
y participar de movimientos femeninos en pro de
la causa que perseguía su consorte, tanto en Buenos
Aires como en como en Mendoza. Aquí bordando la
Bandera de los Andes; allá obsequiando fusiles
para el ejército dela patria, cuando la amenazaba
una nueva invasión hispana por el mar. Los mendocinos
supieron atenderla como merecía, y el General,
con ella a su lado parecía que había rejuvenecido
y tomado mayor vigor su esfuerzo en la consolidación
del ejército que preparaba para su gran campaña.
Ella, lo mismo, había sentido como un renacer
en su espíritu, aunque el cambio le fuera brusco,
tanto físico como moral.
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| Pellegrini.
Cementerio de la Recoleta. Litografía coloreada.
1841. |
Salir por primera vez de un ambiente como el
de Buenos Aires, para internarse en un lugar
tan diferente como el suyo, debía producir su
efecto. Pero como la joven esposa venía a unirse
con su marido, aquello no hizo el efecto que
en otras circunstancias le hubiera sido sensible.
Empero, la suerte es así, no siempre dable en
las personas que la merecen.
Eso le ocurrió a Remedios Escalada de San Martín
que no tuvo la suerte de compartir con su marido
las delicias del hogar, ni tampoco que estuviera
a su lado en el lecho de muerte, en el momento
supremo. A mediados del año de su deceso (1823),
San Martín, que hacía poco había traspuesto
los Andes de regreso del Perú, se propuso seguir
viaje a Buenos Aires, desde Mendoza, para atender
a su mujer que lo reclamaba. No pudo hacerlo
porque en mayo le avisaron que en el camino
había gente armada para prenderlo. Eran los
que se sintieron defraudados cuando fuera llamado
para que se pusiera a su lado en la disputa
por el poder, mientras se disponía a emprender
su expedición al Perú desde Chile. Sin embargo,
emprendió solo su viaje para unirse con su esposa,
pero, desgraciadamente, llegó tarde a darle
el bien morir, por cuya circunstancia "no pudo
estar junto a ella en la hora de la muerte."
Así se esfumó el espíritu de Remedios de Escalada
de San Martín, como rosa deshojada por el viento,
añorando hasta el último instante la presencia
del esposo que regresaba, pensando en el porvenir
que le esperaba...
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