Y Josefa Dominga, nacida el 14 de julio de
1836 en Grand Bourg, fue casada con D. Fernando
Gutiérrez Estrada de nacionalidad mexicana,
falleciendo en Brunoy el 15 de abril de 1924,
sin dejar descendencia, a la edad de 88 años.
Tuvo la suerte de vivir más que todos los de
su familia, pero también la pena de verlos morir
uno tras otro para ser ella la última. Y en
esa vejez dolorosa por la soledad, recordaría
las travesuras de su niñez que, con su hermana
mayor, hacían enfadar a la solícita madre, por
molestar a su padre, anciano ya, pero que él
las acariciaba con un verdadero cariño.
Florencio Balcarce, cuñado de Mercedes, que
estudiaba en París, solía visitar a menudo su
casa, escribía a su hermano en Buenos Aires
diciéndole cosas de aquellas chicuelas sin par:
"Tengo el placer de ver la familia -de San Martín-
un domingo sí y otro no. Iría todas las semanas
si los buques de vapor estuvieran del todo establecidos.
El general goza a más no poder de esa vida solitaria
y tranquila que tanto ambiciona. Mercedes se
pasa la vida lidiando con las chiquitas que
están cada vez más traviesas. Pepa sobre todo,
anda por todas partes levantando una pierna
para hacer lo que llama volatín; pero entiende
muy bien el español y el francés. Merceditas
está en la grande empresa de volver a aprender
el a-b-c que tenía olvidado; pero el General
siempre repite la observación de que no la ha
visto un segundo quieta".
Florencio Balcarce, hermano del yerno del general
San Martín, murió a los 21 años,cuando comenzaba
a perfilarse un gran poeta. Por su parte el
poeta Ricardo J. Bustamante les dedicó unos
versos a las inquietas nietas del grande hombre
que Rafael Alberto Arrieta transcribe en su
libro
"Florencio Balcarce 1818-1839". En cuanto a
doña Josefa, mujer ilustrada y culta, supo conservar
el acervo histórico de su ilustre abuelo y que
su padre había ofrecido al general Mitre para
su extensa Historia sobre San Martín, pues ella
conocía el valor de lo que aquello representaba
para la Historia Argentina y, por ende, Americana.
Fue así cómo le remitió aquella documentación
que no alcanzara a enviarle don Mariano en suprimer
pedido, además de los objetos y enseres que
pertenecieron al Libertador, remitidos al Museo
Histórico Nacional que hacía poco había fundado
D. Adolfo P. Carranza.
En carta del 8 de octubre de 1886, esta nieta
le escribía al general Mitre desde París, para
informarle de los documentos que le remitía
para su Historia de San Martín: cartas, papeles,
mapas y proclamas los había ordenado su padre
a tal objeto. En otra carta posterior, le dice:"Después
de haber en 1886 ofrecido a usted el reloj y
cadena de mi abuelo, el general don José de
San Martín, y remitido a ese Ministerio de Relaciones
Exteriores para el Museo Nacional su uniforme,
sus bandas y otros objetos que le pertenecieron,
conservé entonces únicamente la escribanía y
caja de trabajo de que él se sirvió hasta su
último día.
"Hoy que se halla usted en vísperas de regresar
a Buenos Aires, vengo a rogarle se sirva aceptar,
cono recuerdo mío, estas últimas reliquias de
las que no me había querido desprender hasta
ahora".
Y así como esto, todo lo demás que perteneció
al general San Martín, aquella nieta, generosa
y comprensiva, donó en vida tales prendas para
que fueran a conservarse en un lugar donde todos
pudieran observarlas y sacar las conclusiones
que cada cual concibiera.
De tal manera, las nietas del Libertador han,
pasado también a la Historia Argentina como
parte integrante de su familia, por haberle
aliviado las penas al abuelo en su vejez, lamentando
que no hubiera sido alguna de ellas, un varón,
ya que no lo tuvo con su esposa. Efectivamente,
alguna vez el ilustre abuelo se habría quejado
de su suerte, por no haber tenido un descendiente
varón, anhelo natural de todo hombre que ha
sobresalido en alguna actividad de su vida:
ver prolongado su apellido o su obra en el tiempo.
Sin embargo, pensamos de todas maneras que
San Martín hubiera sido más feliz en su ostracismo
sino muere antes su tierna compañera: vacío
que llenaron con cariño verdadero su hija y
sus nietas, quienes supieron captarse las simpatías
y el cariño del noble abuelo, con fervor y agradecimiento
supieron aliviarle muchas penas, con el cariño
que le ofrendaron hasta su muerte, pues ellas
habían sido igualmente correspondidas. Cómo
no habría de serlo, si el anciano ilustre se
sentía rejuvenecido, merced a las travesuras
de aquellas criaturas que alegraban sus días,
como si supieran que con ello producían un bienestar.
Por eso pudo decir de ellas el poeta:
"Vosotras que sois la gloria De una madre tan
querida, Que de un anciano la vida Llenáis de
dulce ilusión; Vosotras que la memoria Vais
de tesoros orlando, De un tierno padre escuchando
La sabia y digna lección"
(Del poema "A las tiernas niñas Josefa y Mercedes
Balcarce, nietas del General San Martín", por
el poeta Ricardo J. Bustamante. En París el
año 1844.)