LAS MISIONES JESUÍTICAS SECULARIZADAS
Al emprender su viaje desde Inglaterra, San Martín
iba a cumplir los 34 años de edad. Había nacido el
25 de febrero de 1778 en Yapeyú, uno de los treinta
pueblos de las antiguas Misiones Guaraníticas, situadas
sobre las márgenes del Alto Uruguay y Alto Paraná,
pertenecientes entonces al gobierno de Buenos Aires.
Después de la expulsión de los famosos fundadores
de las Misiones Jesuíticas del Paraná y Uruguay (1768),
fueron éstas secularizadas y sometidas a un régimen
de explotación comunista calcado sobre el tipo primitivo,
sin la disciplina monástica a que debieron su cohesión
artificial y su ficticia prosperidad. Divididas al
principio en dos gobernaciones, se reconcentró más
tarde su dirección en un solo gobernador en lo político
y militar, y un administrador general en lo económico,
con tres tenientes gobernadores auxiliares de uno
y otro, cada uno de los cuales tenía a su cargo un
departamento. El tercero de estos departamentos se
componía de los pueblos de La Cruz, Santo Tomé, San
Borja y Yapeyú, del cual el último era la capital
y le daba su nombre.
GENEALOGÍA
En 1778 hacía tres años que el capitán don Juan de
San Martín desempeñaba el puesto de teniente gobernador
del departamento de Yapeyú, siendo a la sazón gobernador
de toda la provincia de Misiones el capitán don Francisco
Bruno de Zabala. Soldado oscuro y valiente, de cortos
alcances, aunque de noble alcurnia, probo como administrador
y generoso como hombre, era natural de la villa de
Cervatos en el reino de León. En 1770 siendo ayudante
mayor de la asamblea de la infantería de Buenos Aires,
recibió repentinamente orden para embarcarse en una
expedición militar, y en tal ocasión otorgó poder
a tres de sus compañeros de armas para que alguno
de ellos, en cumplimiento de la palabra empeñada,
se desposase con doña Gregoria Matorras - "doncella
noble"-, dice el documento, y sobrina del famoso conquistador
del Chaco, del mismo apellido -la misma que en aquella
época acompañándole en su modesto gobierno le daba
el cuarto hijo, que fue bautizado con el nombre de
José Francisco-. Hace su elogio, que como jefe de
una de las administraciones más ricas de las Misiones,
montada sobre el monopolio y la explotación más absoluta,
contrajese su actividad a cumplir con su deber haciendo
el bien posible, y se retirara de su puesto con escasos
bienes de fortuna cuando se pasaban años enteros sin
ser abonados los sueldos de su empleo.
Yapeyú, situado a los 29 31' 47" de latitud austral
marca la transición entre dos climas. Su naturaleza
participa de las gracias de la región templada a que
se liga por sus producciones, y del esplendor de la
no lejana zona intertropical de cuyas galas está revestida.
Fundado sobre una ligera eminencia ondulada, a orillas
de uno de los más caudalosos y pintorescos ríos del
orbe que baña sus pies, desde la meseta que domina
aquel agreste escenario, la vista puede dilatarse
en vastos horizontes y en anchas planicies siempre
verdes, o concentrarse en risueños paisajes que limitan
bosques floridos y variados accidentes del terreno
de líneas armoniosas .
En la época de los jesuitas era Yapeyú una de las
poblaciones más florecientes de su imperio teocrático.
Al tiempo del nacimiento de San Martín, bien que decaída,
era todavía una de las más ricas en hombres y ganados.
Levantábase todavía erguido en uno de los frentes
de la plaza, el campanario de la iglesia de la poderosa
Compañía, coronado por el doble símbolo de la redención
y de la orden. El antiguo colegio y la huerta adyacente,
era la mansión del Teniente Gobernador y su familia.
A su lado estaban los vastos almacenes en que se continuaba
por cuenta del rey la explotación mercantil planteada
por la famosa Sociedad de Jesús, que había realizado
en aquellas regiones la centralización de gobierno
en lo temporal, loespiritual y lo económico, especulando
con los cuerpos, las conciencias y el trabajo de la
comunidad. Tres frentes de la plaza estaban rodeados
por una doble galería sustentada por altos pilares
de urunday, reposando en cubos de asperón rojo, y
en su centro se levantaban magníficos árboles, entre
los que sobresalían gallardamente gigantescos palmeros,
que cuentan hoy más de un siglo de existencia.
PRIMEROS AÑOS
El niño criollo nacido a la sombra de palmas indígenas,
borró tal vez de su memoria estos espectáculos de
la primera edad; pero no olvidó jamás que había nacido
en tierra americana y que a ella se debía. Contribuyeron
sin duda a fijar indeleblemente este recuerdo, las
impresiones que recibió al abrir sus ojos a la luz
de la razón. Oía con frecuencia contar a sus padres
las historias de las pasadas guerras de la frontera
con los portugueses, que debían ser los que más tarde
redujesen a cenizas el pueblo de su nacimiento.
Su sueño infantil era con frecuencia turbado por las
alarmas de los indios salvajes que asolaban las cercanías.
Sus compañeros de infancia fueron los pequeños indios
y mestizos a cuyo lado empezó a descifrar el alfabeto
en la escuela democrática del pueblo de Yapeyú, fundada
por el legislador laico de las Misiones secularizadas.
Pocos años después, Yapeyú era un montón de ruinas;
San Martín no tenía cuna; pero en el mismo día y hora
en que esto sucedía, la América era independiente
y libre por los esfuerzos del más grande de sus hijos,
y aún viven las palmas a cuya sombra nació y creció.