En los años 1807/1808 se producen estas principales
acciones: en el norte, Napoleón Bonaparte cruza
los Pirineos y toma Vitoria, cruza el Somosierra
y entra en Madrid. Persigue a Moore por Tordesillas
y Astorga. En Galicia, el mariscal Soult toma
Lugo, Santiago y entra en Portugal por Oporto.
En Cataluña, los generales Lefevre y Verdier
producen la acción del Bruch y el primer sitio
heroico de Zaragoza, mientras Duhesme ataca
a Gerona. En el Levante, el mariscal Víctor
ataca de Aranda a Castellón. Finalmente, en
Andalucía, los generales Gobert, Dupont y Vedell
sufren la primera derrota de los ejércitos napoleónicos
en los campos de Andújar y Bailén (acción en
la que interviene José de San Martín como integrante
del Regimiento de Caballería de Borbón).
Al siguiente año, 1809, Napoleón se reintegra
a Francia para atender sus asuntos europeos
y dispone que el mariscal Lannes domine a Zaragoza,
donde se ha vuelto a refugiar Palafox después
de la derrota de Tudela y Gerona. Los mariscales
Saint Cyr y Augereau golpean con un tercer sitio
a Gerona; Soult y Ney dominan en Galicia; Suchet
en Aragón y Víctor cubre Madrid, Toledo y Medellín.
El año 1810 contempla una nueva invasión del
mariscal Suchet a Cataluña, procedente del Rosellón;
Soult invade a Andalucía y Sebastiani, desde
Granada se dirige a Murcia y Alcoy. En el año
1812 comienza la lenta reconquista con el auxilio
de Wellington, quien toma Ciudad Rodrigo y Badajoz
y da el golpe magistral a Mormont en Arapiles.
En 1813. el mariscal Soult es llamado a Francia
y José Bonaparte traslada la capital a Burgos.
Wellington entra en Madrid y el 11 de diciembre
se firma el Tratado de Valencey, donde se encontraba
prisionero Fernando VII, sin ratificación de
la Regencia ni aprobación de las Cortes. Fernando
entraba así en su reino, en marzo de 1814, restaurando
su poder absoluto contra la acción de los liberales
"doceañistas" que consolidaban las victorias
conseguidas y contra los movimientos de liberación
que se sucedían en las colonias americanas.
Es indudable que, al tiempo de la invasión
napoleónica en España, el joven capitán de Regimiento
de Infantería Voluntarios de Campo Mayor, José
Francisco de San Martín, había llegado a suscitar
alguna consideración por sus dotes profesionales,
sin contar la forma poco usual de sus primeros
ascensos durante la campaña del Rosellón y la
distinción que el general Solano le dispensara
con su confianza hasta su trágico asesinato
en Cádiz. San Martín fue incorporado con su
regimiento, al ejército que el general Francisco
Javier Castaños reunía en Carmona y Utrera para
hostilizar a los franceses que, al mando de
Dupont avanzaban hacia Sevilla casi sin oposición
y entrando a saco en las poblaciones indefensas.
Castaños, que se pronunciara por la patria desde
el primer momento al frente de sus fuerzas,
no muy numerosas que bloqueaban Gibraltar, iba
aumentando sus efectivos con cuerpos aislados
y algunos de nueva creación. En la vanguardia,
puesta bajo las ordenes del marques de Coupigny,
se formó una división volante cuya jefatura
se confió al teniente coronel Juan de la Cruz
Mourgeon, el mismo en cuya casa se había refugiado
San Martín cuando el asesinato de Solano. Habría
de ser por esa confianza que San Martín le inspirara,
que Mourgeon lo nombró su jefe de vanguardia.
Mientras Castaños ultimaba en Utrera la organización
del Ejército de Andalucía, Coupigny, que tenía
el cuartel general en Carmona, hostilizaba a
los franceses hasta que Dupont se recogió en
Andújar. En la madrugada del 23 de junio de
1808 San Martín, que marchaba en descubierta
al frente de su vanguardia, se topó con una
partida enemiga en la posta de Santa Cecilia:
"Pese a tener fuerzas menores, se lanzó al ataque
desbaratando por completo a los imperiales,
que dejaron en el campo a 17 dragones muertos
y 4 heridos, luego hechos prisioneros. Un solo
soldado herido fue la pérdida española, habiendo
peligrado la vida del jefe vencedor," salvado
por un Juan de Dios, cazador de los Húsares
de Olivenza;" es todo lo que dice el parte redactado
por Mourgeon e Arjonilla, de lo cual toma su
nombre este combate. Por hazaña se le debió
de tener, pues no se escatimaron las recompensas:
San Martín fue hecho ayudante primero de su
regimiento; se acordó a la tropa un escudo en
dinero a cada uno y la "Gaceta Ministerial de
Sevilla" dio noticias del triunfo con exultante
énfasis diciendo: "Los que huyen de esta manera
son los vencedores de Jena y Austerlitz", imprimiéndose
un edicto que se fijó en las paredes para darle
gran publicidad.
Se evidencia la importancia dada al hecho pues
el marques de Coupigny llamó a San Martín a
su lado como ayudante de campo. El destino del
futuro Libertador quedó unido a la suerte de
este jefe hasta el último día de su carrera
bajo el pabellón español. El 27 de junio el
ejercito de Castaños inicio la marcha en dirección
a Córdoba por la margen izquierda del Guadalquivir.
En Porcuna se le unió el Ejercito de Granada,
estableciéndose una nueva organización: la vanguardia
de Coupigny quedó convertida en segunda división;
la primera fue puesta bajo el mando del Mariscal
Teodoro Reding, la tercera del mariscal Jones
y la cuarta o reserva, con la dirección del
general de La Pena. Mourgeon, con su división
de montaña, el alcalde de Granada con una partida
de irregulares y el conde de Valdecaria - conocedor
de la región- debían cuidar los flancos.
En consejo de guerra Castaños pretende atraer
a Dupont -acorralado en Andújar- a pelear en
campo raso y rodearlo, con las divisiones de
Reding y Coupigny, por un lado, y la de Jones
y de La Perla, bajo su propio mando, por el
otro. Por su carácter de ayudante de campo de
Coupigny, San Martín pudo haber asistido al
mencionado consejo de guerra y escuchar la discusión
del plan de operaciones pero aún de no ser así
le alcanzaría, por el mismo motivo, su minucioso
conocimiento. Es importante recordar esta circunstancia
porque la batalla por venir, gravitaría en su
futuro con fecunda experiencia y resultaría
Chacabuco una replica estratégica de Bailen.
Los españoles se situaron el día 13 en Arjona
y llegaron a su objetivo dos días después. Mientras
Reding marchaba con su división a Mengibar,
Coupigny tomo posesión de La Higuereta. En el
emplazamiento francés de Villanueva de la Reina,
que debía defender el paso del Guadalquivir,
las tropas españolas tuvieron un primer triunfo
contra las fuerzas de Dupont, que dejaron 200
muertos y los equipajes en esta acción. En la
mañana del día 18, las dos divisiones españolas
de Reding y Coupigny llegaron a Bailén y sus
jefes reconocieron la posición. A posteriori
dispusieron las tropas en tres líneas que cerraban
la entrada en la ciudad por el camino de Andújar.
El ejército se dividió en dos alas –la derecha
bajo la dirección de Reding y la izquierda bajo
la de Coupigny- siendo compartido el mando,
como lo da a entender el propio Reding diciendo
que "el marqués no sólo de concierto conmigo
en la dirección de los movimientos de este día
contribuyó a su acierto y felicidad, sino que
habiendo elegido los cuerpos de que queda hecha
la mención, acudió con ellos a los puntos mas
vivos de los tres ataques generales y con sus
conocimientos y valeroso ejemplo nos proporcionó
los expresados felices resultados."
La batalla de Bailén se dio el 19 de julio
de 1808 y duró nueve horas, en medio de un calor
sofocante, faltos de agua y sin reparos en todo
el terreno. Los franceses llevaron cinco ataquesimpetuosos
que fueron rechazados, sin abandonar los españoles
su plan defensivo. En el tercero debió Coupigny
salir de su puesto de observación para acudir,
poniéndose a la cabeza de la reserva, en ayuda
del extremo izquierdo cargado por una brigada
francesa de dragones y coraceros.
Con un hábil cambio de frente ordenado a algunos
batallones, el valeroso jefe español logró imponer
la retirada de los briosos coraceros.
Cerca del mediodía, rechazado en todos sus
embates, con sus hombres desmoralizados, con
la impresión de la derrota y con desesperanza
de no recibir a tiempo los refuerzos de Vedell,
el mariscal Dupont pidió capitular. Su primer
emisario llego hasta Coupigny, que se hallaba
en el centro de la línea, quien lo envío a Reding,
y éste a Castaños. El general Vedell, que asaz
tardíamente llegó al campo de batalla cuando
Dupont sólo esperaba, como una gracia, las condiciones
de la capitulación, unió a la derrota el deshonor
violando la fe del armisticio y atropellando
a las tropas españolas que tenían orden de no
hacer fuego.
Reconocida la rendición de su jefe, intentó
fugarse con sus fuerzas, pero una división de
Coupigny le cortó los pasos de la sierra y,
a una orden de Dupont, volvió Vedell a la obediencia
y quedó con todos los suyos igualmente prisionero.
En esta batalla intervinieron 30.600 infantes
y 28.000 jinetes, del lado español, y 28 000
infantes y 5.700 jinetes, del francés. A pesar
de que 20.000 franceses cayeron prisioneros
y de que la derrota de Dupont fue innegable,
el nombre de Bailén figura en el Arco de Triunfo
de París como una victoria napoleónica. El parte
de Coupigny, que Reding utilizó para escribir
el que elevó a su vez a Castaños, recomienda
por su comportamiento en la acción entre otros,
a Don José de San Martín, capitán agregado de
Borbón. En realidad, San Martín no formó ese
día en las filas del Borbón sino le cupo desempeñar
la difícil función de ayudante de campo del
marqués de Coupigny El general Castaños recomendó
una promoción de oficiales y San Martín obtuvo
el ascenso a teniente coronel graduado el día
14 de agosto. El mismo marqués le envío a Sevilla,
donde San Martín había caído enfermo, una certificación
de servicios, sus expresiones de amistad y la
condecoración que le fue conferida por la victoria:
en el campo ovalado, de esmalte, dos sables
en cruz unidos con una cinta de la cual pende
un águila abatida; en el ángulo superior de
la unión de los sables, una corona de laurel,
suelta, y en derredor la leyenda "Bailén, 19
de julio de 1808".
La carrera militar de San Martín, en los próximos
años, siguió de cerca a la de su valiente jefe.
Acompañó a Coupigny en el Ejército de Cataluña,
a donde llamó a su hermano Manuel Tadeo, que
estaba sin destino y atrasado en sus promociones.
Si acaso se separó del marqués cuando éste
pasó, en octubre de 1809, a la Junta Militar
de Sevilla al lado de Castaños –lo que no parece-
en enero del siguiente año volvería a reunírsele
otra vez como ayudante de campo, para servir
en el Ejército de la Izquierda al mando del
marqués de La Romana. Estuvo probablemente en
la defensa de Torres Vedras, participando en
la indecisa acción de Río Maior, y en febrero
de 1811 llegaban ambos, desde Lisboa, a Cádiz,
último reducto de la resistencia francesa en
Andalucía que, sitiada por el mariscal Víctor,
no cedió ante la presión francesa que duró dos
años.
Esta claro que la estadía de San Martín en
Cádiz resultaría providencial para su futuro
americano, encendiéndose en su espíritu una
decisiva aspiración.