SAN MARTÍN EN TUCUMÁN - (ENERO 1814)
A poco de triunfar San Martín en San Lorenzo,
el ejército del Norte, al mando de Belgrano,
obtuvo la victoria de Salta (20 de febrero de
1813) pero fue derrotado sucesivamente ese mismo
año en Vilcapugio y Ayohuma. El Gobierno de
Buenos Aires acordó a San Martín, en 1813, el
grado de coronel mayor, y le nombró General
en jefe de aquel ejército que venía disperso
del Alto Perú. En enero de 1814, asumió San
Martín el mando de la fuerza que calificó como
"tristes fragmentos de un ejército derrotado".
Poco tiempo, tres meses, pasó en Tucumán. Desde
allí escribió a Rodríguez Peña: "La Patria no
hará otro camino por este lado del Norte que
una guerra defensiva. Un ejército pequeño y
bien disciplinado en Mendoza para pasar a Chile
etc." Pensaba ya en la expedición al Perú. El
oficial Gregorio Aráoz de La Madrid, después
general, le conoció en aquellas circunstancias
y ha dejado estos recuerdos en sus Observaciones
sobre las Memorias póstumas del general José
M. Paz.
"Al siguiente día o a los dos, después de haber
despachado el General Belgrano a Gómez desde
Jujuy, me mandó a Tucumán con un pliego para
el General San Martín que venía ya a relevarlo,
y con la orden de levantar un escuadrón de hombres
voluntarios que yo solo mandaría y que serviría
para escolta del general.
"En dos días me puse en Tucumán, y habiendo
el gobernador despachado el pliego para el Sr.
San Martín a Santiago del Estero, pasé yo al
siguiente día a la campaña, a reunir los voluntarios,
y a los cuatro o cinco días estuve de regreso
con ciento y pico de jóvenes desde la edad de
18 a la de 25 años, que se me presentaron gustosos
con la seguridad que les había yo dado de que
eran para servir en la escolta del general y
bajo mis órdenes.
"A mi regreso, encontré ya al Sr. San Martín
con los granaderos, reconocido ya como general
en jefe, y al coronel de dragones D. Diego Balcarce
encargado del Estado Mayor y que habían llegado
ya algunos cuerpos de nuestro ejército, y el
general Belgrano llegó a los dos o tres días
después, pero no recuerdo hoy la fecha.
"Al siguiente día de mi llegada con los voluntarios,
se me dio a reconocer por edecán o ayudante
de campo del Sr. general San Martín, y se previno
además que todos los cuerpos del ejército presentarían
para las dos de la tarde, un número de hombres
de cada uno en la calle de la Merced, para que
el Sr. San Martín entresacara de ellos los hombres
que le parecieran para aumentar el cuerpo de
granaderos; y como a mí se me ordenase también
que presentara 25 hombres de mis voluntarios,
sin embargo de que no era todavía un cuerpo
del ejército, y del destino para que los había
reunido, fui a ver al Sr. Balcarce y hacerle
esto presente, alegándole que la orden general
hablaba sólo de los cuerpos del ejército. Habiéndome
el coronel contestado que no había remedio y
que era preciso llevar los hombres que me habían
pedido, pasé a ver al Sr. San Martín y hacerle
presente eso mismo, pues tenía el convencimiento
de que iban a perder esos hombres dejándome
a mí por un embustero para otra vez que se ofreciera;
mas, apenas me presenté al general, sacó éste
el reloj y me dijo: -Han pasado ya dos minutos
y ha debido ya estar en la formación con los
hombres que le han pedido.
"Di vuelta, saludando al general, y fui de
carrera al cuartel y saqué los primeros 25 hombres
que encontré, pues no había uno de desecho entre
todos. No sucedió lo mismo en los demás cuerpos,
pues los jefes escogieron los peores y los más
viejos. Presentóse el Sr. San Martín, paseando
la vista de derecha a izquierda y entresacando
algunos de cada piquete y dejando los más; pero
apenas llegó a los míos y les echó una ojeada,
los mandó a todos marchar de frente y los mandó
a granaderos con los pocos que había apartado
de los otros cuerpos.
"El teniente, entonces, D. Felipe Heredia,
estaba a cargo de mis voluntarios, pues lo había
yo escogido para el cuerpo, cuando a la hora
de la lista de la tarde llega a casa del general
San Martín, a avisarme que han ordenado que
todos mis voluntarios sean incorporados a granaderos
y dragones, apartando sólo veinte hombres para
artilleros. Me disgustó en extremo dicha medida
y entré a la habitación del general y le. hice
presente que iban a perder todos esos hombres
porque me habían seguido voluntariamente en
el concepto de que iban a servir bajo mis órdenes
en la escolta del Sr. General. - ¿Y se queja
usted por eso Sr. La Madrid? díjome el general,
agregando: -¿cree usted que estando a mi lado
le faltará a usted ocupación o dejaré de atenderlo?
Deje usted que dispongan de esos hombres y no
le dé a usted cuidado.
"Tuve que callar y se destinaron todos mis
voluntarios a los cuerpos ya dichos, pero no
amanecieron 20 en los tres cuerpos. Luego que
llegó el Sr. General Belgrano y los restos de
los cuerpos que habían quedado a retaguardia,
fue nombrado mayor general del ejército el coronel
Mayor D. Francisco Fernández de la Cruz, que
se hallaba de gobernador en Tucumán, y se dio
la orden para que asistieran todos los jefes
de los cuerpos a casa del Sr. general en jefe,
a la oración, todos los días, para uniformar
las voces de mando. El general Belgrano había
quedado a la cabecera del 1º, como jefe de él,
sin embargo de ser un brigadier general, y era
también uno de los que concurrían.
"Colocados todos los jefes por antigüedad,
daba el Sr. San Martín la voz de mando y la
repetían en el mismo tono los demás; no recuerdo
si en la segunda reunión, al repetir el general
Belgrano, que era el 1º, la voz que había dado
el Sr. San Martín, largó la risa el coronel
Dorrego. El general San Martín, que lo advirtió,
díjole con fuerza y sequedad:
" ¡Sr. coronel, hemos venido aquí a uniformar
las voces de mando! Dio nuevamente la voz, y
riéndose nuevamente Dorrego al repetirla el
general Belgrano, el Sr. San Martín, empuñando
un candelabro de sobre la mesa y dando con él
un fuerte golpe sobre ella, echó un voto, dirigiendo
una mirada furiosa a Dorrego y díjole, pero
sin soltar el candelabro de la mano:
" ¡He dicho, Sr. Coronel, que hemos venido
a uniformar las voces de mando!
"Quedó tan cortado Dorrego que no volvió más
a reír y al día siguiente lo mandó San Martín
desterrado a Santiago del Estero.
"Cuando poco después se retiró el general San
Martín, por enfermo, me regaló su espada, al
tiempo de marcharse, diciéndome que era la que
le había servido en San Lorenzo, y que me la
daba para que la usase en su nombre seguro de
que sabría yo sostenerla.
"Lo que el general Paz dice respecto a que
la enfermedad del general San Martín fue un
pretexto para retirarse del ejército, porque
adquirió el convencimiento de que vendría a
suplantarlo cuando llegase la ocasión otro general
más favorecido, estoy en creer que sólo son
conjeturas de él, (en vista de lo que sucedió
después con el general Rondeau) pues es efectivo
que el general San Martín estuvo enfermo, pues
vomitó sangre varias ocasiones y no recuerdo
que se hubiese evidenciado después, como dice
Paz, que ella era un nuevo pretexto." Gregorio
Aráoz de Lamadrid