Esta zona era conocida desde la época de las
invasiones inglesas como Cuartel del Retiro,
siendo su ubicación aproximadamente la zona
que bordea la actual plaza San Martín (Arenales
y Maipú).
Frente al mismo Regimiento, ante la curiosa
mirada de los habitantes de la zona del Retiro,
se realizaban diariamente las prácticas en el
llamado "Campo de la Gloria" denominado luego
de la Revolución de Mayo, como "Campo de Marte."
SAN LORENZO, EL BAUTISMO
No había transcurrido un año desde su creación
cuando el 3 de febrero de 1813 tocaría al regimiento
recibir su bautismo de fuego allá en San Lorenzo,
a orillas mismas del Paraná.
Aquella madrugada ciento veinte hombres, divididos
en dos divisiones de sesenta granaderos cada
una, al mando del propio San Martín y del Capitán
Bermúdez se lanzan con furia incontenible sobre
doscientos cincuenta realistas que avanzaban,
al mando del Capitán Antonio de Zabala desde
el puerto de San Lorenzo en dirección al convento
de San Carlos, en una de sus habituales recorridas
requisando víveres y elementos de los pueblos
del litoral argentino.
El choque fue tremendo, y pese a que los godos
alcanzaran a formar en martillo para contener
la embestida, los sables y las lanzas de los
granaderos pronto los sumieron en el desastre,
materializado en 40 muertos, 14 prisioneros,
12 de ellos heridos, dos cañones, 40 fusiles
y una bandera arrancada al portaestandarte enemigo
con riesgo de su vida por el Alférez Hipólito
Bouchard, el mismo que después, al mando de
la fragata "La Argentina", dejara en todos los
mares del mundo la estela imborrable de hazañas
increíbles.
Allí mueren, junto al granadero de origen francés
Domingo Perteau, el oriental Amador, el chileno
Alzogaray y los argentinos Luna, Bustos, Sylvas,
Saavedra, Bargas, Márquez, Díaz, Gurel, Galves,
Gregorio y Cabral, catorce en total, en cuyo
recuerdo las calles internas del cuartel de
Palermo llevan sus venerados nombres.
Días más tarde fallece también, a resultas
de las heridas recibidas, el Capitán Justo Germán
Bermúdez, el primer jefe de escuadrón del regimiento
muerto en combate. La acción, breve en tiempo,
dada la pujanza de la carga de los granaderos,
tiene hondo contenido emocional. En aquel combate
la valentía de dos hombres salvan la vida del
jefe del alcance de las bayonetas españolas
cuando queda aprisionado en el sueldo por la
muerte de su caballo.
Uno es el granadero Juan Bautista Baigorria,
puntano de origen, el "postergado", como lo
llaman en su tierra, tal vez con razón, pues
poco o nada se sabe de este valiente que salva
la vida de su Coronel matando al godo que pretendía
ultimarlo aprovechando la difícil situación.
El otro es el granadero Juan Bautista Cabral,
oriundo de Corrientes, que no vacila en echar
pie a tierra en medio de aquel entrevero de
sables, bayonetas, sangre y polvo, consiguiendo
zafar del caballo al Coronel San Martín, recibiendo
dos mortales heridas a raíz de las cuales deja
de existir poco tiempo después mientras repite
en su agonía: "muero contento... hemos batido
al enemigo."
A raíz de este hecho, por un decreto del superior
gobierno, se ordena:
Fíjese en el cuartel de granaderos un monumento
que perpetúe recomendablemente la existencia
del bravo granadero Juan Bautista Cabral en
la memoria de sus camaradas."
En ese monumento, ubicado en el interior del
cuartel, en el lugar centro de las formaciones
del Regimiento, se cumple religiosamente la
antigua tradición que viene desde aquel entonces.
El sargento más antiguo del cuerpo, ubicado
solo, al frente de dicho monumento en la formación,
al llamado de: "Sargento Juan Bautista Cabral",
pronunciado por el Coronel Jefe del Regimiento,
se adelanta marcialmente tres pasos, respondiendo
con voz tonante:
Murió por la patria pero vive en nuestros corazones.
¡Viva la Patria, granaderos!..., mientras responden
"¡Viva!", al unísono, todos los granaderos.
Cabe señalar también otro hecho de honda significación
espiritual. En el canje de los prisioneros efectuado
con los realistas vienen tres lancheros paraguayos,
dos de los cuales resuelven incorporarse al
regimiento.
Uno de ellos, llamado José Félix Bogado, acompañaría
desde entonces al regimiento en toda su campaña,
correspondiéndole el honor de venir al mando
de aquellos valientes en su regreso a la patria
en 1826, ostentando el grado de Coronel, luego
de haber conquistado uno por uno todos esos
ascensos en el campo de batalla.
Anualmente, durante la celebración del día
del Ejército, todos los 29 de mayo, en la ceremonia
de destreza que se realiza en el Campo Hípico
Militar, ciento veinte granaderos con sus uniformes
de parada, en dos filas, la primera armada con
lanzas y la segunda con sables, con sus jefes
a la cabeza, rememoran en un galope de carga
ante el pueblo de Buenos Aires la acción de
San Lorenzo, como un justo homenaje a los valientes
de entonces.
LA BANDA ORIENTAL Y EL ALTO PERU COMO ESCENARIOS
DE LUCHA
Después de San Lorenzo, a los efectos de que
se...
"...active y haga ejecutar el plan de operaciones
que sea necesario para la defensa de la Capital,
en cualquier evento de ataque o incursión..."
...se nombra al Coronel don José de San Martín,
con fecha 4 de junio de 1813, Comandante de
las fuerzas de la Capital.
A partir de ese entonces el regimiento, al
par de cumplir con su planeamiento de instrucción
destina varios destacamentos sobre el Litoral
a los efectos de proteger las poblaciones ribereñas
de las incursiones realistas.
Pronto habrían de abrirse otros horizontes
de lucha para el Regimiento.
La difícil situación en el Norte, agravada
por las sucesivas derrotas de Vilcapugio y de
Ayohuma, las cuales ponen en peligro toda la
frontera de la patria, mueven al gobierno a
nombrar, con fecha 3 de diciembre de 1813, al
Coronel San Martín como Jefe de la expedición
auxiliadora al ejército de Belgrano, que venía
retirándose en dirección a Tucumán.
Integraron esta división, además del primer
batallón del 7 de Infantería y de un piquete
de 100 artilleros, el 1º y 2º escuadrón del
Regimiento de Granaderos a Caballo, los que
llegan a Tucumán el 12 de enero de 1814.
Desde esa fecha hasta el 10 de septiembre de
1816, en que se mueven en dirección a Mendoza,
por el camino que atraviesa La Rioja, luchan
en las lomas de San Lorenzo con las tropas de
la vanguardia; en guerrillas en Humahuaca, Yaví,
Casavindo, Toldos, Bermejo, etcétera, en el
combate de Barrios; en la sorpresa del Tejar,
en Puesto del Marqués, en Mochara y en la derrota
de Sipe- Sipe, donde el regimiento, al mando
del Teniente Coronel Juan Ramón Rojas, salvó
con su arrojo y valor el honor de la triste
jornada. Mientras el 1 y 2º escuadrón combatían
en el Alto Perú, el resto del regimiento, al
que ya se le había agregado el 4º escuadrón,
a órdenes del Teniente Coronel José Matías Zapiola
queda en tareas de reorganización instrucción
en la Capital.
Prontamente, sin embargo, habrían de embarcarse
rumbo a la Banda Oriental a reforzar el ejército
de Oriente.
El 22 de junio de 1814 el 3º y 4º escuadrón
de los granaderos entraban en la Plaza Fuerte
de Montevideo a la cabeza de la columna vencedora.
Lo importante de esta campaña, como anota Félix
Best, es que..."ningún otro suceso podía valer
tanto para la seguridad de la independencia
como la rendición de Montevideo, que era como
cerrar para siempre a España las aguas del Río
de la Plata, única vía por donde podría alcanzar
a tocar Buenos Aires, centro y corazón de la
causa de la independencia en toda América del
Sur.
"Salvada la capital, sobre cuya energía reposaba
la independencia de Chile y Perú, todo podía
venir mal, que ya encontrarían los invasores,
ejércitos y pueblos que los obligarían a retroceder.
La rendición de Montevideo salvó a la capital
de las provincias argentinas y a la América
del Sur."
LA GRAN HAZAÑA
A mediados de agosto llegan a Mendoza el 3º
y 4º escuadrón que habían intervenido en la
campaña de la Banda Oriental.
Llegaban a los bordes mismos de la cordillera,
donde durante un año se prepararían para vencer,
no solamente al adversario realista, sino a
aquella mole gigantesca que aparecería imperturbable
e imposible ante la audacia increíble de aquellos
hombres.
Mitre ha definido con palabras precisas todo
ese planeamiento realizadopor San Martín para
preparar la epopeya. "La organización del Ejército
de los Andes - dice- es uno de los hechos más
extraordinarios de la historia militar. Máquina
de guerra armada pieza por pieza, todas sus
partes componentes respondían a un fin, y su
conjunto a un resultado eficiente de antemano
calculado. Arma de combate forjada por el uso
diario se dobla elásticamente, pero no se quiebra
jamás."
El 5 de noviembre de 1815 llegaba a Mendoza
el resto del regimiento, integrado por los escuadrones
1º y 2º, de brillante y recordada trayectoria
en el Alto Perú. En el ínterin se le había ordenado
a San Martín la formación de un 5 escuadrón,
a los efectos de dar mayor potencialidad al
regimiento, al cual ya se reconocía como una
tropa especial, de calidad excepcional y espíritu
de cuerpo tan firme, capaz de cualquier hazaña.
Al terminar el año 1816 el Regimiento de Granaderos
se halla en perfectas aptitudes de comenzar
la empresa.
Tonificados por la dura instrucción, persuadidos
de su propio valor, sólo esperan la orden de
atravesar aquellas montañas inmensas, sabiendo
que luchaban por la libertad de otros pueblos
hermanos y sin saber si volverían o quedarían
sus huesos jalonando los caminos de marcha.
El día 5 de enero de 1817, ante el pueblo entero
de Mendoza, los soldados del Ejército de los
Andes juran a la Virgen Generala y a la Bandera
de los Andes, simbolizando con aquel solemne
acto el espíritu de la epopeya que iniciaban,
conciliando la fe de un pueblo con el pabellón
de una empresa que amparaba, bajo los pliegues
generosos, el sentimiento fraterno de libertad
que inspiraba a los soldados argentinos.
En aquel solemne acto el General San Martín,
después de colocar el bastón de mando de general
a la Virgen del Carmen de Cuyo, se dirige a
la tropa exclamando:
"Soldados, ésta es la primera bandera independiente
que se bendice en América."
El 17 de enero daba comienzo la gran hazaña.
El Regimiento forma parte de aquel glorioso
Ejército de los Andes, bajo las órdenes del
Coronel Zapiola, integrado por 4 jefes, 55 oficiales
y 742 hombres de tropa.
Conforme al plan preparado por San Martín el
grueso del Ejército de los Andes cruzaría por
el paso de los Patos.
El 3º y 4 escuadrón del regimiento, juntamente
con otros efectivos, formaban parte de la vanguardia
a órdenes del Brigadier Miguel Soler, que se
pone en movimiento a partir del 19 de enero,
mientras que el resto del regimiento, a órdenes
del Coronel Zapiola, lo haría con el grueso
de la columna a partir del 23 de enero.
No habían terminado de desembocar al otro lado
de la cordillera cuando ya los nombres de Achupallas
y Las Coimas ingresaban al historial de glorias
del regimiento.
La vieja preocupación del general San Martín
sobre el pasaje de los Andes, elocuentemente
manifestada en aquella carta que meses antes
le había escrito a Guido:
"Lo que no me deja dormir es, no la oposición
que puedan hacerme los enemigos, sino el atravesar
estos inmensos montes...", quedaba superada
al vencer con todo éxito las columnas del ejército
patriota los difíciles caminos cordilleranos.
La primera parte de la hazaña estaba cumplida.
Habían vencido a los elementos naturales: piedras,
frío, alturas, distancias, rigurosidades, señalando
un hito en la historia mundial de los grandes
hechos. Adelante quedaba un ejército de bravos,
intacto en sus fuerzas, pronto a defender lo
que creía sus derechos con la bizarría que caracterizaba
al hispano. Les cabría a los sables, lanzas
y terceronas de aquellos bravos escribir la
página heroica de la libertad de Chile.
POR LA LIBERTAD EN TIERRAS DE CHILE
El 12 de febrero de 1817, hace 150 años, Chacabuco
marca el primer jalón del largo camino de heroicidades
que cumplirían los granaderos en tierra americana.
La sencillez del parte de la victoria de San
Martín resume toda la valentía e importancia
de los granaderos en la batalla:" El Coronel
Zapiola -expresa- al frente de los escuadrones
1º, 2 y 3 , con sus comandantes Melián y Medina
rompe su derecha; todo fue un esfuerzo instantáneo."
Y más adelante, agrega:
"Entre tanto los escuadrones mandados por sus
intrépidos comandantes y oficiales cargaban
del modo más bravo y distinguido, toda la infantería
quedó rota y deshecha, la carnicería fue terrible
y la victoria completa y decisiva."
Persiguen al enemigo y al frente de las tropas
entran en Santiago de Chile. Pero el realista
no estaba vencido del todo y con encomiable
espíritu sigue la lucha. Comienza luego la campaña
del Sur de Chile, donde interviene primeramente
el 3er. escuadrón, al mando de Melián y Medina
y, posteriormente con el 4 escuadrón, a órdenes
de Freyre, escriben nuevas páginas de honor.
Así en Curapaligüe, Gavilán, El Manzano, Talcahuano
y otros combates de menor monta, los bravos
granaderos hacen sentir al realista el filo
de sus corvos, sin que por las características
de la zona de operaciones y las fuerzas en presencia
se pueda librar la batalla decisiva que consolide
la libertad de Chile.
La situación a principios del año 1818 no era,
por cierto, nada halagüeña para los efectivos
patriotas. El ejército, fraccionado en dos grandes
núcleos, uno en el Sur, a las órdenes de O'Higgins
y el otro en Las Tablas, bajo el mando directo
de San Martín, podía ser derrotado por partes,
apenas el ejército español contase con efectivos
mayores. El desembarco de importantes tropas
realistas al mando de Osorio en Talcahuano determinó
al fin a San Martín a buscar la reunión de sus
fuerzas y derrotar en batalla decisiva a los
españoles.
Los movimientos de ambos ejércitos conducen
a los llanos de Maipú, con el antecedente inmediato
de la sorpresa de Cancha Rayada, el 19 de marzo,
que deja en difícil situación al ejército de
San Martín.
Sin embargo, el genio del organizador y del
estratego salva -caso único en la historia militar-
la desventaja de la derrota anterior conquistando
en Maipú, el 12 de abril de 1818, la definitiva
libertad del Estado chileno.
En aquella batalla nuevamente los granaderos
cargan una y otra vez derrotando completamente
a la caballería enemiga a la que persiguen destrozándola
totalmente.
Nada queda de aquel ejército de bravos que
derrotaron a las tropas napoleónicas, en situación
de resistir el embate de los patriotas. La batalla
está ganada y el bravo Brigadier chileno O'Higgins
llega, todavía sangrante de su herida de Cancha
Rayada, para abrazar a San Martín, mientras
exclama: "Gloria al salvador de Chile".
Les tocaría a los Granaderos a Caballo consolidar
el notable triunfo de Maipú que la valentía
hispana se negaba a reconocer como definitivo,
esperanzada en la acción de insurgentes en el
sur de Chile y los refuerzos que podrían venir
por mar desde el Perú.
A la persecución de los realistas, luego del
triunfo del 5 de abril, deben agregar la misión
de iniciar una campaña de limpieza de los restos
del enemigo que apresuradamente se reorganizan
en el sur del territorio. Así cobran nuevamente
valor los nombres de Parral, Quirihue, Chillán,
Arauco, Bio-Bio, Santa Fe, San Carlos y otros
combates menores pero de enorme gloria para
los granaderos a caballo. Los nombres de Zapiola,
su jefe, O'Brien, Caxaraville, Brandsen, Viel,
Escalada, Ramallo, Pacheco y muchos otros, son
nombrados con asiduidad en los partes de guerra.
Los sufrimientos padecidos por el regimiento
en ese año de 1818 son indescriptibles. No solamente
debieron luchar con un enemigo de carne y hueso,
sino contra la naturaleza difícil de ese teatro
de operaciones.
El parte que el 18 de setiembre de 1818 eleva
San Martín es elocuente pues el Libertador no
era de los jefes que acostumbraban quejarse
o dejarse dominar por sentimientos o incomodidades
del servicio. "El Regimiento de Granaderos a
Caballo que en todo el invierno se ha mantenido
sobre el sur del Maule, en observación del enemigo,
se encuentra enteramente desnudo...", sin que
esa terrible situación pueda afectar el honroso
cumplimiento del deber.
Entre tanto, las noticias provenientes de la
Península no eran nada halagüeñas, ante la perspectiva
del envío de una colosal expedición destinada
a aplastar definitivamente la revolución sudamericana.
En el orden interno tampoco las cosas marchaban
bien para el gobierno nacional que, ante el
cúmulo de hechos, resuelve el regreso de los
efectivos del Ejército de los Andes al propio
territorio para reforzar su posición ante la
anarquía reinante en el país.
Esta resolución llena de intranquilidad y consternación
a argentinos y chilenos que veían, con esta
nueva variante, alejarse las posibilidades de
la expedición al Perú, peligrar todo el sur
chileno aún convulsionado y terminar enfrascándose
los efectivos del ejército en una estéril lucha
de facciones.
A pesar del retardo e inconvenientes puestos
por San Martín debe cumplimentarse el repaso
de la cordillera por determinados efectivos
y entre los cuales se contaba el Regimiento
de Granaderos a Caballo. Acantonado en Curimón
inicia la marcha de regreso con el 1º, 2º y
3er. escuadrón, el 27 de abril de 1819, mientras
el 4 escuadrón quedaba en Chile para escribir
nuevas hazañas al brillante historial del regimiento.
Después de diversas vicisitudes, el regimiento
establece su campamento en las chacras de Osorio,
situado a dos leguas de la ciudad de San Luis.
Allí permaneció desde principios de junio de
1819 organizándose e instruyéndose hasta días
después de la sublevación de Arequito, el 8
de enero de 1820, en que se resuelve su marcha
a Mendoza. La reunión de los efectivos de la
división finaliza el 25 de febrero, poniéndose
inmediatamente en marcha para repasar, otra
vez, la cordillera de los Andes. El 12 de marzo
llegaba el regimiento a la hacienda de Valenzuela,
distante una legua de Rancagua, donde se alojó
hasta la primera quincena de marzo. Es trasladado
posteriormente a Quillota, donde queda hasta
el 13 de agosto, dirigiéndose luego a Valparaíso,
donde habría de embarcarse con destino al Perú.
POR LA LIBERTAD EN TIERRAS DE PERU Y COLOMBIA
Con la independencia de Chile se había cumplido
con singular éxito la primera etapa del plan
sanmartiniano. Si difícil había sido el cruce
de la mole imponente de los Andes y la derrota
del realista, allende la cordillera, no iba
a ser menos ardua la ejecutoria de la campaña
en tierras del Perú. Era necesario vencer primero
la bravura del océano Pacífico y la escuadra
realista para recién empezar a moverse en una
zona de disímiles características y donde el
español contaba con importantes y veteranas
tropas de combate. Atrás, la patria empezaba
a desangrarse a causa de las disensiones internas,
mientras la anarquía devoraba esfuerzos que
debían estar sólo al servicio de la libertad
de América.
La indeclinable voluntad e inteligente percepción
del Gran Capitán iba a salvar con su decisión
el destino del nuevo mundo.
La expedición libertadora al Perú, fuerte en
4.430 hombres, se hacía a la mar el 20 de agosto
de 1820, en 8 buques de guerra, 16 transportes
y 11 lanchas cañoneras. O Formando parte de
la división de los Andes iba el Regimiento de
Granaderos a Caballo al mando del Coronel don
Rudesindo Alvarado con un efectivo de 1 coronel;
2 tenientes coroneles; 1 sargento mayor; 3 ayudantes;
2 abanderados; 6 capitanes; 11 tenientes primeros;
4 subtenientes; 20 sargentos primeros; 12 trompetas;
29 cabos primeros y 330 soldados, siendo en
total 391 hombres.
Desembarcados en la bahía de Paracas, a partir
del 8 de setiembre, los efectivos de granaderos
toman inmediata posesión de los dos pueblos
de Alto y Bajo Chincha. Conforme al plan de
operaciones dispuesto por el Libertador, el
Coronel Mayor Alvarez de Arenales inicia, con
efectivos aproximados a los 1.200 hombres, la
Primera Campaña de la Sierra por Huancavélica
a Jauja, a partir de los primeros días de octubre
de 1820. Participa en ella una compañía de 50
granaderos, al mando del Capitán Juan Lavalle,
la cual se bate con increíble denuedo en las
acciones de Nazca, Jauja y Paseo, terminando
con las fuerzas realistas del Brigadier O'Reilly,
después de cubrir 203 leguas por zonas y caminos
desérticos.
Mientras tanto, San Martín se hace nuevamente
al mar con su ejército, desembarcando en el
puerto de Guacho (unos 150 kilómetros al norte
del Callao) para dirigirse al interior del país
con la intención de tomar contacto con la división
de Arenales, luego de haber cortado las comunicaciones
de los españoles en el Norte.
A fines de noviembre el Regimiento de Granaderos
al mando de Alvarado inicia la marcha hacia
el Sur. Una partida de 18 granaderos al mando
del Teniente don Pascual Pringles es adelantada
hacia Chancay a efectos de tomar contacto con
el Batallón Numancia, del cual se había recibido
informes que se pasaría a las filas patriotas
en razón de estar integrado en su mayor parte
por americanos.
Sorprendido Pringles por tres escuadrones que
le cierran los caminos, luego de cargarlos infructuosamente,
hecho en que tiene tres muertos y once heridos,
antes de caer prisionero resuelve arrojarse
al mar seguido por cuatro granaderos.
El general Mansilla, en emotivas palabras,
capta aquel tremendo momento en que el joven
Teniente no vacila en dar su vida ante la vergüenza
de ser copado. "No les importa a Pringles ni
a sus fieles compañeros -dice- la derrota sufrida;
tienen la conciencia de que han combatido con
una osadía homérica". Es la idea de caer prisioneros
lo que se les presenta como un baldón eterno.
Pero no quieren concederle al enemigo ni la
satisfacción de tomarlos, ni el orgullo de matarlos.
¿Qué hacer, pues? Arrojarse con sus cuatro granaderos
a las profundidades del mar. Así lo hicieron
sin vacilar un punto siquiera cuando el instante
solemne llegó. Las olas recibieron a los cinco
granaderos montados en sus incansables corceles.
La providencia los salvó, y los españoles,
a fuerza de gentiles, mandaron acuñar cinco
medallas que más tarde enviaron a Pringles.
Leíase en ellas esta inscripción:
La patria a los vencidos, vencedores de Pescadores.
Entre tanto, el ejército colombiano al mando
de Sucre en Guayaquil, pide refuerzos a San
Martín para poder resistir con éxito la acción
de las tropas españolas. El Libertador, cuya
única mira es la independencia total de los
nuevos Estados americanos, ordena la concurrencia
de una división al mando del Coronel Andrés
de Santa Cruz en la que forma un escuadrón de
granaderos a caballo al mando del Sargento Mayor
don Juan Lavalle. El 21 de abril de 1821 noventa
y seis granaderos escriben una de las páginas
más heroicas en la historia de la caballería.
La llaneza del parte elevado por Lavalle es
demostración elocuente del temple moral y de
la fibra humana de aquellos héroes. Dice, en
su parte principal, lo siguiente:
RÍO BAMBA, Abril 25 de 1822
"Excmo. Sr. el día 21 del presente se acercaron
a esta villa las divisiones del Perú y Colombia
y ofrecieron al enemigo una batalla decisiva.
El primer escuadrón del Regimiento de Granaderos
a Caballo de mi mando marchaba a la vanguardia
descubriendo el campo y observando que los enemigos
se retiraban, atravesé la villa y a la espalda
de una altura, en una llanura me vi repentinamente
al frente de tres escuadrones de caballería
fuerte de ciento veinte hombres cada uno, que
sostenían la retirada de su infantería; una
retirada hubiera ocasionado la pérdida del escuadrón
y su deshonra y era el momento de probar en
Colombia su coraje, mandé formar en batalla,
poner sable en mano, y los cargamos con firmeza.
"El escuadrón que formaba noventa y seis hombres
parecía un pelotón respecto de cuatrocientos
hombres que tenían los enemigos; ellos esperaban
hasta la distancia de quince pasos poco más
o menos cargando también, pero cuando oyeron
la voz de degüello y vieron morir a cuchilladas
tres o cuatro de sus más valientes, volvieron
caras y huyeron en desorden, la superioridad
de sus caballos los sacó por entonces del peligro
con pérdida solamente de doce muertos, y fueron
a reunirse al pie de sus masas de infantería.
"El escuadrón llegó hasta tiro y medio de fusil
de ellos y, temiendo un ataque de las dos armas,
lo mandé hacer alto, formarlo y volver caras
por pelotones; la retirada se hacía al tranco
del caballo cuando el general Tobra puesto a
la cabeza de sus tres escuadrones los puso a
la carga sobre el mío. El coraje brillaba en
los semblantes de los bravos granaderos y era
preciso ser insensible a la gloria para no haber
dado una segunda carga. "En efecto, cuando los
cuatrocientos godos habían llegado a cien pasos
de nosotros, mandé volver caras por pelotones,
y los cargamos por segunda vez: en este nuevo
encuentro se sostuvieron con alguna más firmeza
que en el primero, y no volvieron caras hasta
que vieron morir dos capitanes que los animaban.
En fin, los godos huyeron de nuevo arrojando
al suelo sus lanzas y carabinas y dejando muertos
en el campo cuatro oficiales y cuarenta y cinco
individuos de tropa. Nosotros nos paseamos por
encima de sus muertos a dos tiros de fusil de
sus masas de infantería hasta que fue de noche
y la caballería que sostenía antes la retirada
de su infantería fue sostenida después por ella."
Consecuencia de ello el gobierno del Perú,
en honor de estos valientes decretó que todos
los jefes, oficiales y soldados del primer escuadrón
del Regimiento Granaderos a Caballo de los Andes,
que tuvieron parte en la gloriosa jornada del
21 de abril pasado en Río Bamba llevarán en
el brazo izquierdo un escudo celeste entre dos
palmas bordadas, con esta inscripción en el
centro: "El Perú al Heroico Valor en Río Bamba".
Este escudo y el nombre de Río Bamba lo lleva
actualmente el primer escuadrón del Regimiento.
Así mismo, por decreto del Poder Ejecutivo Nacional
Nº 1782, del 20 de febrero de 1962, se impuso
a los restantes escuadrones del regimiento las
siguientes denominaciones que ya venían usando
conforme a la tradición, conquistadas en los
campos de batalla. Así, se denomina Junín al
2º escuadrón, San Lorenzo al 3º; Maypo al 4º;
Chacabuco al 5º y Ayacucho al 6º.
Estos escuadrones llevan en su brazo izquierdo
los siguientes escudos, oportunamente otorgados
en el campo de batalla: el escuadrón Junín el
"Escudo de Mirabe"; el escuadrón San Lorenzo
el "Escudo de Caranpangue"; "Escudo de Mirabe";
el escuadrón San Lorenzo el "Escudo de Caranpangue";
el escuadrón Maypo el "Escudo de Maypo"; el
escuadrón Chacabuco el "Escudo de Chacabuco"
y el escuadrón Ayacucho el "Escudo de Junín
y Ayacucho." Siguen los granaderos peleando
con todo fervor por la libertad de tierras hermanas.
Se encuentran en la victoria de Pichincha y
entran en Quito como un año antes lo habían
hecho en Lima. Intervienen en la Primera Expedición
a Puertos Intermedios con un escuadrón al mando
del Sargento Mayor José Soler, y también en
la segunda e infortunada expedición donde a
fuerza de valor salvan el honor argentino en
los desastres de Torata y Moquegua.
Producida la abdicación y retiro del General
San Martín del escenario americano aquellos
valientes que formara a su imagen y semejanza
combaten al lado de colombianos y peruanos,
bajo las órdenes de Bolívar, en las dos últimas
grandes batallas de la emancipación continental.
Están presentes en las pampas de Junín, en
agosto de 1824, bajo el mando de Bruix, acompañando
con su galope furibundo la carga gloriosa de
Isidoro Suárez, como también lo están, aunque
no se los nombre expresamente en el parte de
la victoria, cargando en Ayacucho, endiciembre
de ese mismo año, en el epílogo del dominio
español en América.
Ya nada más quedaba por hacer. Habían hecho
tres naciones y contribuido a la formación de
otros tantos Estados, sin alardes ni posturas,
con la misma sencillez con que ensayaban los
movimientos de combate en el viejo y lejano
cuartel del Retiro. Volverían anónimamente,
como cuando emprendieron el camino de la epopeya.
Muchos quedaron sin saber dónde murieron, teniendo
como mortaja el cielo azul y como sepulcro la
tierra fragosa de los Andes.
Los hombres pronto los olvidarían pero nunca
esa América que había vitalizado su ofrecerse
al mundo como esperanza de fe y de libertad.
DE REGRESO A LA PATRIA
Ya había terminado la gesta con la resonante
victoria de Ayacucho. El General Cirilo Correa,
jefe de la División de los Andes, se dirige
desde Lima, con fecha 10 de enero de 1825, al
Ministro de Guerra y Marina de las Provincias
Unidas del Río de la Plata... "en precaución
de las circunstancias que pudieran sobrevenir
y anheloso por el bien de mi patria me dirijo
a vuestra señoría como jefe que fui encargado
últimamente de la división para que consultándolo
al supremo gobierno se sirva comunicar sus órdenes
sobre el particular por el conducto más conveniente."
En la misma carta plantea la situación del
Regimiento que había quedado a las órdenes del
general Bolívar, expresándose en términos laudatorios,
con las siguientes palabras: "Este cuerpo, que
concurrió a la memorable jornada de Junín, bajo
las órdenes del señor Coronel Bruix ha continuado
luego a las del Sargento Mayor Bogado unido
a la columna de caballería del Ejército Libertador
y habiéndose sostenido con honor algunos encuentros
en su marcha, se ha encontrado en la célebre
batalla de Ayacucho que ha libertado absolutamente
al Perú del dominio español."
Luego de Ayacucho el General Sucre destina
al Regimiento a la zona de Huanta, desde donde
iniciaría posteriormente el regreso a la patria.
En las comunicaciones que hace el vencedor de
Ayacucho se habla en tono hiriente del Regimiento
a las órdenes del Coronel Bogado. La justicia
histórica, más fuerte que la pasión de los hombres,
no ha necesitado en este caso salir a la palestra
a defender con argumentos o pruebas el honor
de un regimiento cuya foja de servicios se confunde
con la historia heroica de la libertad de América.
El Regimiento de Granaderos estacionado en Huanta
marcha, por orden de Bolívar, hasta Arequipa
a donde arriba el 18 de marzo de 1825.
En dicha zona el Prefecto recibe la orden del
Libertador del Norte de ajustar los sueldos
correspondientes al mes de febrero a los granaderos
que se encontraron en la batalla de Ayacucho,
y la de contratar un buque para llevar al puerto
de Valparaíso sólo a aquel personal militar
que sea oriundo de las Provincias Unidas del
Río de la Plata.
A fines del mes de junio el centenar de hombres
que forma el regimiento se embarcan en el bergantín
"Perla", en el puerto de Ilo, llegando al puerto
de Valparaíso el 10 de julio de 1825. Con fecha
22 de julio, el Coronel Bogado eleva desde Santiago
de Chile el estado de las fuerzas "... que componen
el resto del regimiento a mi mando, quienes
por su constancia y fidelidad al pabellón nacional
durante la larga campaña del Perú tienen la
gloriosa satisfacción de volver a su patria,
después de haber sellado la independencia, en
la memorable batalla de Ayacucho."
La triste situación económica en que se halla
el Regimiento induce al Coronel Bogado a solicitar
el apoyo correspondiente al antiguo oficial
del regimiento don Ramón Freyre, en ese entonces
Director Supremo de Chile, quien entrega, ante
la carencia de fondos del Estado, cien pesos
de su peculio personal, los cuales se le devuelven
de inmediato al conocer Bogado que el General
Martínez era quien debía proporcionarles los
medios que necesitasen. A las angustias económicas
para el pago de los sueldos, como para el racionamiento,
se agrega la carencia de vestuario que motiva
un urgente pedido del General Martínez, con
fecha 9 de octubre, para la confección de uniformes..."...dado
el estado de desnudez en que se encuentra la
tropa."
Resuelto el pasaje de la cordillera apenas
se abrieran los pasos, el movimiento se inicia
por destacamentos a partir del 6 de diciembre,
llegando a Mendoza unos días después. Con fecha
31 de diciembre el comisario de guerra pasa
la revista reglamentaria, cuya histórica copia
contiene los nombres de todos aquellos valientes
granaderos que regresan a la patria.
Al fin, el 13 de enero de 1826 se inicia la
marcha a Buenos Aires, la cual se hizo en veintitrés
carretas. En silencio, invencibles, cruzados
de cicatrices, cargados de glorias llegan a
Buenos Aires, el 13 de febrero de 1826, los
restos del Regimiento de Granaderos a Caballo
de los Andes, después de trece años de intenso
batallar por los campos de medio continente
para concretar la libertad de las naciones de
América. Volvían al viejo cuartel de Retiro
los efectivos de los escuadrones 1º, 2º y 3º,
que en Junín y Ayacucho habían contribuido a
consolidar la definitiva derrota de las fuerzas
realistas. Volvía también el espíritu del 4º
escuadrón, que a las órdenes del Comandante
Viel había escrito, en el sur de Chile, páginas
inimaginables de valor en la afirmación de la
independencia del hermano país, allende los
Andes.
Volvía, a las órdenes del Coronel don José
Félix Bogado, aquel paraguayo que, prisionero
de los realistas, es canjeado luego de San Lorenzo
y se incorpora como recluta el 11 de febrero
de 1813, juntamente con otros seis valientes
que cumplieron toda la epopeya.
Volvían, junto con su Jefe, el Sargento Ayudante
Paulino Rojas, dado de alta el 2 de marzo de
1814; el Capitán Francisco Olmos, de alta el
12 de setiembre de 1812; el Sargento Segundo
Patricio Gómez, de alta el 1º de marzo de 1813;
el Sargento 2º Damasio Rosales, de alta el 23
de setiembre de 1812; el Sargento 2º Francisco
Bargas, el 23 de setiembre de 1812; y el trompa
Miguel Chepoya, en el año 1813, además de 72
valientes más incorporados en las diversas etapas
de la dilatada campaña del regimiento.
HISTORIA DE LA SEGUNDA EPOCA
El regimiento, disuelto en 1826, justamente
al terminar la guerra de la emancipación, no
participaría, por dicha circunstancia, en las
guerras internacionales ni en las contiendas
internas que asolaron al país. El espíritu que
animó al Santo de la Espada en toda su vida,
de no mezclarse jamás en las luchas civiles
ni en participar en otra guerra que no fuese
destinada a lograr la libertad de la propia
patria y de otras naciones del continente, por
esos avatares del destino, se había transmitido
incólume al Regimiento de Granaderos, que podía
ostentar con legítimo orgullo tan preciado antecedente,
no dado a ninguna otra unidad militar.
A principios del siglo el General Ricchieri,
uno de los más grandes visionarios y ejecutores
de la necesaria modernización del Ejército en
todos sus aspectos, conciliaba aquella idea
de progreso con la justa medida de respeto a
las antiguas tradiciones que habían dado gloria
a la institución armada en todo su brillante
historial.
RECREACION DEL REGIMIENTO
De su propio puño, en un documento que se atesora
en la sala histórica de la unidad, escribió
el borrador del decreto de recreación del Regimiento
que se promulgó, con fecha 23 de mayo de 1903,
con la firma del Presidente Roca. El referido
decreto expresa lo siguiente: "Buenos Aires,
mayo 25 de 1903.
"Considerando conveniente conservar en el Ejército
de la Nación la representación del glorioso
Ejército de la Independencia mediante la reorganización
de uno de sus cuerpos más beneméritos. El Presidente
de la República DECRETA: Artículo 1º Queda reconocido
como cuerpo permanente del Ejército, el regimiento
de movilización creado por resolución ministerial
del 3 de febrero del corriente año, el cual
se denominará en homenaje a su antecesor "Regimiento
de Granaderos a Caballo". Artículo 2º El Regimiento
de Granaderos a Caballo usará en las formaciones
de parada el uniforme histórico del Regimiento
de la Independencia y tomará la derecha sobre
los otros regimientos del arma."
La resolución ministerial a la que se refiere
el decreto establecía en su artículo 1º que...
"con los contingentes de 15 conscriptos de dos
años, elegidos provenientes de cada una de las
provincias y de la Capital Federal, y con los
contingentes igualmente elegidos suministrados
por los territorios federales todos los que
se encuentran concentrados ya en esta capital
se constituirá una unidad especial de caballería
la que será adscripta, como unidad de movilización,
al Regimiento 8 del arma, en el Campo de Mayo."
Actualmente se sigue manteniendo esta antigua
disposición, siendo el Regimiento la única unidad
del Ejército que incorpora conscriptos provenientes
de todas las provincias del país, además de
tres ciudadanos oriundos de Yapeyú, como una
expresión de la integralidad de que el sentimiento
sanmartiniano abarca a toda la nacionalidad,
sin excepciones.
Como dato de interés cabe consignar que la
reglamentación de la ley orgánica del Ejército
establece que el referido personal, además de
ser alfabeto, debe tener... "buena conformación
y apariencia física, estatura superior a 1,75
mts. y que sepan andar a caballo." Así mismo,
sigue en vigencia aquella disposición que determina
la procedencia del cuerpo de formar a la derecha
sobre todos los otros regimientos del arma como
un homenaje a la más querida y significativa
de las unidades de caballería, circunstancia
que explica la razón de su ubicación en los
desfiles, paradas y ceremonias.
SUCESIVAS DENOMINACIONES DEL REGIMIENTO
Tres años más tarde de su recreación, en razón
de ser... "conveniente mantener en el Ejército
el nombre del Regimiento de Granaderos a Caballo,
a fin de perpetuar la tradición gloriosa que
nos legara por su bizarra actuación en las campañas
que dieron por resultado la independencia americana..."
según reza el considerando del decreto promulgado
por el Presidente Figueroa Alcorta, siendo Ministro
el General Campos, se resuelve en el artículo
1º que:
"El Regimiento 1º de Caballería de Línea se
denominará Regimiento 1º de Línea, Granaderos
a Caballo, debiendo este cuerpo en las formaciones
de gala a que concurra usar el uniforme tradicional
de aquel benemérito cuerpo". Al año siguiente,
por otro decreto del Presidente Figueroa Alcorta,
siendo Ministro de la Guerra el General Aguirre,
con fecha 17 de julio de 1907 se designa..."al
Regimiento Nº 1 Granaderos a Caballo escolta
presidencial, debiendo conservar el uniforme
que actualmente tiene en uso."
Esta misión de escolta presidencial que viene
cumpliendo ininterrumpidamente desde hace sesenta
años, se efectúa en todas las ceremonias oficiales
a las que concurre el presidente de la Nación.
También especifica al respecto el reglamento
de ceremonial respectivo:
"Le corresponde el servicio de escolta al personal
diplomático acreditado ante el gobierno, cuando
concurre a presentar credenciales al Poder Ejecutivo."
Involucra también el servicio en la Casa de
Gobierno, efectuado por una guardia especial
al mando de un oficial, que tiene por misión
rendir los honores correspondientes al primer
magistrado y formar los cordones de honor en
toda ceremonia que se realiza en la Casa Rosada.
Así mismo, le corresponde como obligación apostar
diariamente centinelas en el mausoleo del General
San Martín en la Catedral Metropolitana, como
exclusivamente las guardias de honor en el monumento
al prócer, en plaza San Martín, en los aniversarios
patrios.
La seguridad personal del Presidente de la
República constituye otra de las misiones básicas
que cumple el Regimiento, apostando semanalmente
efectivos del orden de un escuadrón en Casa
de Gobierno y residencia presidencial de Olivos.
Con referencia al uniforme, según el referido
decreto, corresponde el uso de las siguientes
prendas:
Morrión: azul negro con el escudo nacional
de bronce dorado al frente, coronado por la
escarapela y llevando al pie la leyenda: "Libertad
y Gloria".
Pompón y cordones de lana roja para la tropa.
Cordón de oro para jefes. Casaca de paño azul
gris: con cuello y vivos rojos, en el cuello
y faldones, granadas amarillas la tropa; de
oro para los oficiales.
Charreteras de lana para la tropa. Del modelo
general para los oficiales; pero con flecos
para todos.
Pantalón de paño azul gris con una franja roja.
Botas granaderas.
Banderola, cinturón y dragona para tropa. Banderola,
cinturón, faja y dragonas de plata para los
oficiales.
Espuela de bronce, con pilhuelo en S.
El 31 de octubre de 1911 se dicta un decreto
por el cual el Regimiento 1º de Línea Granaderos
a Caballo pasará a denominarse " Regimiento
de Granaderos a Caballo ", en razón de que la
anterior denominación no estaba de acuerdo con
los fines expresados en el decreto de reorganización
del segundo Cuerpo, por cuanto vendría a concentrar
en una sola unidad la denominación de dos regimientos.
En el año 1918 el presidente Yrigoyen, siendo
Ministro de la Guerra Elpidio González, considerando
que era un acto de justicia expresar el nombre
del Gran Capitán y fundador del regimiento que
tantas glorias conquistara, decreta que a partir
del 23 de marzo de ese año el Regimiento de
Granaderos a Caballo se denominará además "
General San Martín ", nombre que actualmente
ostenta.
Queda siempre en pie la idea de que al Regimiento
cabría denominarlo justicieramente Regimiento
Granaderos a Caballo de los Andes General San
Martín, conciliando así razones espirituales
e históricas.
Durante esta segunda época, el regimiento inicialmente
tuvo su cuartel en Liniers juntamente con el
Regimiento 8 de Caballería. Posteriormente en
1908 pasó al predio situado entre el Hospital
Militar Central y la Escuela Superior de Guerra,
limitado por las calles 3 de Febrero y Cabildo
al Sudoeste y Av. Luis M. Campos al Nordeste.
Ha prestado escolta a numerosos jefes de Estado
que han visitado el país y semanalmente, en
términos de un escuadrón, escolta a los embajadores
de los países amigos que concurren a presentar
sus cartas credenciales al Presidente de la
República. También ha salido fuera de las fronteras,
en misión siempre de confraternidad, estando
presente en la inauguración de las estatuas
ecuestres levantadas al Libertador en Francia,
en España, en Perú, en Chile y en Uruguay.
El viejo cuartel de Palermo ha visto pasar
63 clases, que han vestido el glorioso uniforme
de granaderos cumpliendo siempre con equidad,
patriotismo y legítimo orgullo la consigna de
aprender a defender la patria. En ese mismo
cuartel, en el Gran Hall de los Símbolos Sanmartinianos,
juntamente con la Bandera de Guerra del regimiento
y la Bandera del Ejército de los Andes, con
la venerada imagen de la Virgen Generala Nuestra
Señora del Carmen de Cuyo y los cofres de plata
conteniendo tierra de Yapeyú, el solar nativo
del Libertador, y de San Lorenzo, el bautismo
de gloria de los granaderos, se encuentra a
la veneración de todos los argentinos el sable
corvo del Gran Capitán.
CONDECORACIONES OTORGADAS
En reconocimiento a sus indiscutidos méritos
en la lucha tenida por la propia y ajena , libertad,
la bandera de guerra del regimiento lleva en
su corbata varias condecoraciones otorgadas
por países amigos:
1. Condecoración "Abdón Calderón" de 1º clase,
otorgada "al pabellón del Regimiento de Granaderos
a Caballo General San Martín" por el gobierno
de la República del Ecuador mediante decreto
262, fechado en Quito, el 5 de febrero de 1955,
firmado por el Presidente Velazco Ibarra.
2. Condecoración "CRUZ DE LAS FUERZAS TERRESTRES
VENEZOLANAS" en su 1º clase al "Estandarte del
Regimiento de Granaderos a Caballo General San
Martín", por el gobierno de la República de
Venezuela conforme al voto favorable de la orden,
fechado en Caracas el 19 de noviembre de 1960,
firmado por el Presidente Betancourt.
3. Condecoración "ORDEN MILITAR DE AYACUCHO",
en el grado de Caballero a la "Bandera de Guerra
del Regimiento Granaderos a Caballo General
San Martín", por el gobierno de la República
del Perú, conforme a lo dispuesto en el artículo
3º de la ley 7.563, fechada en Lima el 26 de
julio de 1961, firmada por el Presidente Prado.
4. Condecoración "CRUZ DE PLATA" de la "ORDEN
DE BOYACÁ", otorgada a la "Bandera de Guerra
del Regimiento de Granaderos a Caballo General
San Martín", por el gobierno de la República
de Colombia, mediante decreto 1.836, fechado
en Bogotá el 15 de julio de 1965, firmada por
el Presidente Valencia.
5. Condecoración de la "ORDEN NACIONAL AL MÉRITO",
en el grado de oficial al "Pabellón del Regimiento
de Granaderos General San Martín" por el gobierno
de la República del Ecuador mediante decreto
514, fechado en Quito en el Palacio Nacional
el 19 de mayo de 1967, firmado por el Presidente
Arosemena Gómez.
MONUMENTO A LOS GRANADEROS DE SAN MARTIN
Resulta interesante señalar que desde hace
muchísimos años existe una ley nacional que
ordena la construcción de un monumento conmemorativo
al Regimiento Granaderos a Caballo.
La iniciativa surgió a fines del siglo pasado,
con motivo de realizar el pueblo de Buenos Aires
un sentido homenaje al general don Eustaquio
Frías, el último sobreviviente de los guerreros
de la Independencia.
En aquella oportunidad, el 9 de julio de 1890,
se le entregó al citado general una plaqueta
rodeada de laureles de oro y plata y la suma
de 2.537 pesos que restaron de la colecta pública
realizada para concretar su homenaje. Dicho
dinero fue entregado al club de Gimnasia y Esgrima
de Buenos Aires a los efectos de que sirviera
de base para la erección de un monumento a los
Granaderos a Caballo, el que se encuentra depositado
en una cuenta especial en el Banco de la Nación.
En 1917, con motivo de cumplirse el centenario
del Paso de los Andes se promulgó la ley 10.087
disponiendo la construcción del referido monumento
en la plaza San Martín, depositándose en el
lugar señalado un cofre conteniendo copia de
la ley y diversos documentos.
La euforia patriótica de aquella celebración
pronto quedó olvidada hasta que en 1956, con
motivo de la remodelación de la plaza San Martín,
se encontró dicho cofre, el que actualmente
se encuentra depositado en el museo Saavedra.
El 14 de septiembre de 1959 el Honorable Consejo
Deliberante de la ciudad de Buenos Aires dispuso,
por resolución 15.577, arbitrar los medios para
llevar adelante esa obra. Actualmente el Poder
Ejecutivo Nacional tiene en sus manos la resolución
al respecto a través de la Secretaría de Cultura
y Educación de la Nación.
No nos corresponde ensayar, por razones obvias,
la defensa de aquella iniciativa, tantas veces
postergada. Sólo nos cabe recordar aquellas
sabias palabras del Presidente Avellaneda, que
al ver cómo se iba integrando la República con
cada vez mayores caudales de población de distintas
nacionalidades expresara:
"Los pueblos que olvidan sus tradiciones pierden
la conciencia de sus destinos y los que se apoyan
sobre sus tumbas gloriosas son los que mejor
preparan el porvenir."
También, dentro del predio del regimiento está
en proyecto levantar un sencillo monumento recordatorio
de los granaderos muertos en el cumplimiento
de su deber, desde 1813 hasta nuestros días.
Este se materializará con la reproducción en
tamaño natural del sencillo bronce que representa
un altivo granadero en posición de descanso,
donde se lee, en el basamento, la inscripción
"DE BUENOS AIRES A QUITO". Una sola frase que
encierra en los términos de dos ciudades nada
menos que la epopeya de América. En ese símbolo
el artista ha captado la historia de un regimiento
que ha sido y es parte misma de la patria.
No ha necesitado de grandes masas o de adornos
para dar a su escultura toda la grandiosidad
que fluye generosamente de su misma esencia
de la misión cumplida. Tarea de titanes, jalonada
de sacrificios, cumplida en años de terribles
pruebas, sin desfallecer jamás para cumplir
con el compromiso contraído de libertar América.
Libertar otras tierras hermanas, sin pretensión
de conquista, o de dominio territorial, sino
sencillamente libertarlas de una opresión, sin
pedir, ni exigir nada, como caballeros de una
cruzada redentora. Orgullo argentino en esa
hazaña que cumplieron los granaderos criollos
salidos un día desde el viejo cuartel del Retiro
para escribir con el filo de sus corvos en San
Lorenzo, en Chacabuco, en Maipú, en Junín y
en Ayacucho, para nombrar las de mayor gloria,
las páginas señeras de la americanidad.
En breves trazos se ha pretendido expresar
la historia del Regimiento de Granaderos a Caballo,
que es la historia de la patria misma en la
epopeya de la emancipación propia y la del continente.
Por eso ha podido decirse que es "la más alta
personificación de la gloria militar en América"
y que " con sus hechos de armas dejó trazada
a su paso una estela luminosa de triunfos tan
señalados, de victorias de tanta importancia,
que no hay, aún hoy, en la historia de todas
las fuerzas militares de las diferentes naciones
que forman el mundo americano unidad orgánica
alguna que ostente un historial de servicios
análogos "
Con sus hazañas, con su valor, los Granaderos
a Caballo de los Andes hicieron honor a aquellas
palabras de su jefe:
"De lo que mis granaderos son capaces, sólo
yo sé, quien los iguale habrá pero quien los
exceda, no."
ACLARACION: este trabajo del Coronel Leoni
fue realizado en época del Servicio Militar
Obligatorio.