Calcada sobre el plan de las sociedades secretas
de Cádiz y de Londres, nació la organización de la
célebre asociación, conocida en la historia bajo la
denominación de LOGIA DE LAUTARO, que tan misteriosa
influencia ha ejercido en los destinos de la revolución.
La Logia de Lautaro se estableció en Buenos Aires
a mediados de 1812, sobre la base ostensible de las
logias masónicas reorganizadas, reclutándose en todos
los partidos políticos, y principalmente en el que
dominaba la situación. La asociación tenía varios
grados de iniciación y dos mecanismos excéntricos
que se correspondían. En el primero, los neófitos
eran iniciados bajo el ritual de las logias masónicas
que desde antes de la revolución se habían introducido
en Buenos Aires y que existían desorganizadas a la
llegada de San Martín y Alvear. Los grados siguientes
eran de iniciación política en los propósitos generales.
Detrás de esta decoración que velaba el gran motor
oculto, estaba la Logia Matriz, desconocida aún para
los iniciados en los primeros grados y en la cual
residía la potestad suprema. El objeto declarado de
la Logia era “trabajar con sistema y plan en la independencia
de la América y su felicidad, obrando con honor y
procediendo con justicia.” Sus miembros debían necesariamente
ser americanos “distinguidos por la liberalidad de
las ideas y por el fervor de su celo patriótico”.
CONSTITUCION DE LA LOGICA
Según su constitución, cuando alguno de los hermanos
fuese elegido para el Supremo Gobierno del Estado,
no podría tomar por sí resoluciones graves sin consulta
de la Logia, salvo las deliberaciones del despacho
ordinario. Con sujeción a esta regla, el gobierno
desempeñado por un hermano, no podía nombrar por sí
enviados diplomáticos, generales en jefe, gobernadores
de provincia, jueces superiores, altos funcionarios
eclesiásticos, ni jefes de cuerpos militares, ni castigar
por su sola autoridad a ningún hermano. Como comentario
de esta disposición, se establecía la siguiente regla
de moral pública: “Partiendo del principio que la
Logia, para consultar los primeros empleos, ha de
pesar y estimar la opinión pública, los hermanos como
que están próximos a ocuparlos, deberán trabajar en
adquirirla”. Era ley de la asociación auxiliarse mutuamente
en todos los conflictos de la vida civil, sostener
a riesgo de la vida las determinaciones de la Logia,
y darle cuenta de todo lo que pudiera influir en la
opinión o seguridad pública. La revelación del secreto
“de la existencia de la Logia por palabras o por señales”
tenía “pena de muerte por los medios que se hallase
por conveniente». Esta conminación, reminiscencia
de los misterios del templo de Isis y copiada de las
constituciones de la Logia Matriz de Miranda, sólo
tenía un alcance moral. Por una adición a la Constitución
se disponía, que cuando alguno de los hermanos de
la Logia Matriz fuese nombrado general de ejército
o gobernador de provincia, tuviese facultad para crear
una sociedad dependiente de ella compuesta de menor
número de miembros.
INFLUENCIA DE LA LOGICA
Los logistas no consiguieron desde luego refundir
en su seno el personal del gobierno, que era una de
las condiciones indispensables para extender su influencia
y establecer su predominio. El Triunvirato no podía
hacerlo sin abdicar, y el genio sistemático de don
Bernardino Rivadavia que le daba nervio, fue el obstáculo
con que tropezó en este sentido. No obstante esto,
su influencia se ramificó en toda la sociedad, y los
hombres más conspicuos de la revolución por su talento,
por sus servicios o su carácter se afiliaron a ella.
Los clubes y las tertulias políticas donde hasta entonces
se había elaborado la opinión por la discusión pública
o las influencias de círculo, se refundieron en su
seno por una atracción poderosa. Uno de los más ardientes
promotores de las asociaciones públicas, el Dr. Bernardo
Monteagudo, tribuno inteligente, de pluma y de palabra,
se constituyó en activo agente de la Logia, llevándole
el concurso de la juventud que acaudillaba. San Martín,
en vista de este resultado, creyó haber encontrado
el punto de apoyo que necesitaba la política. Alvear
con su talento de intriga y su ambición impaciente,
se lisonjeó con la esperanza de tener bajo su mano
el instrumento poderoso que necesitaba para elevarse
con rapidez. Desde entonces la influencia misteriosa
de la Logia empezó a extenderse por todo el país,
haciendo presentir un cambio inmediato en su situación
política.
JUICIO SOBRE LA LOGICA
Se ha exagerado mucho en bien y en mal la influencia
latente de la Logia Lautarina en los destinos de la
revolución. Se ha supuesto una acción continua y eficiente
sobre los acontecimientos contemporáneos, que carece
de fundamento histórico, y que las intermitencias
de la revolución contradicen. En un sentido o en otro,
se le ha atribuido la maternidad de hechos que estaban
en el orden natural de las cosas, y que con ella o
sin ella se habrían producido igualmente. Se la ha
hecho responsable de ejecuciones sangrientas o de
crímenes aislados, que tienen su explicación y aún
su justificación en otros móviles y otras necesidades,
convirtiéndola así en un conciliábulo tenebroso de
asesinos políticos. Acusada de abrigar planes liberticidas
y reaccionarios, se la ha cargado como al chivo emisario
con todos los errores y extravíos de su época, que
no tuvieron ni pudieron tener su origen en la institución
misma. Juzgada, por último, desde un punto de vista
distinto de aquel en que sus autores se colocaron
y sus contemporáneos la vieron, ha sido condenada
sin equidad, y aun sin compulsar las piezas del proceso.
La historia ha empezado a descorrer el velo oscuro
de los tiempos que por tantos años la ha ocultado
a los ojos de la posteridad, y su fallo definitivo
y justiciero aún no ha sido pronunciado con perfecto
conocimiento de causa. La Logia de Lautaro no fue
(como su mismo nombre lo indica) una máquina de gobierno
ni de propaganda especulativa: fue una máquina de
revolución y de guerra indígena contra el enemigo
común, a la vez que de defensa contra los peligros
interiores. En este sentido contribuyó eficazmente
a dar tono y rumbo fijo a la revolución; a centralizar
y dirigir las fuerzas gubernamentales, dando unidad
y regularidad a las evoluciones políticas que promovió
y presidió, y vigoroso impulso a las operaciones militares
con sujeción a un plan preconcebido, para imprimir
mayor energía en los conflictos, para suplir en muchos
casos la deficiencia de los hombres y corregir hasta
cierto punto los extravíos de una opinión fluctuante,
inspirando en momentos supremos medidas salvadoras,
que la revolución ha reivindicado como glorias suyas.
Mala en sí misma como mecanismo gubernativo, corruptora
como influencia administrativa, contraria al individualismo
humano que anonadaba por una disciplina ciega, inadecuada
y aun contraria al desarrollo libre y espontáneo de
una revolución social, no puede desconocerse, empero,
que fue concebida bajo la inspiración del interés
general, que no contrarió las tendencias de la revolución,
que aceleró muchas de sus grandes reformas democráticas
y que bajo sus auspicios se inauguró la primera asamblea
que proclamó la soberanía popular dándole. forma visible.
En la política exterior, a ella se debe el espíritu
de propaganda americana de que se penetró la revolución,
y en especial el mantenimiento de la gran alianza
argentino-chilena que dio la independencia a medio
continente, unificando la política y mancomunando
los esfuerzos y sacrificios de ambos pueblos en la
magnánima empresa. Institución peligrosa en el orden
político por el sigilo de sus deliberaciones, por
lo irresponsable de su poder colectivo, por la solidaridad
que establecía entre sus miembros así para lo bueno
como para lo malo en los actos de la vida pública,
los vicios y deficiencias de su organización se pusieron
de manifiesto cuando la ambición personal quiso hacerla
servir de instrumento a sus fines rompiéndose en sus
manos, o cuando los que con más fidelidad observaron
su regla fueron víctimas de ella, para disolverse
en uno y otro caso, ya con la caída del ambicioso,
ya con el sacrificio del adepto. Juzgando imparcialmente
la Logia de Lautaro, puede decirse: que condenable
en tesis general aún como institución revolucionaria
en un pueblo democrático, produjo en su origen bastantes
bienes y algunos males, que inclinan la balanza en
su favor. Como motor político no desvió la revolución
de su curso natural; y como poder colectivo sólo sirvió
por accidente a ambiciones bastardas, que tuvieron
su correctivo en la opinión. Como núcleo de voluntades
unidas por un propósito, fue el invisible punto de
apoyo de las fuerzas salvadoras de la sociedad en
momentos de desquicio. Ni histórica ni racionalmente
puede hacérsela responsable de hechos que reconocen
otras causas visibles, y que se desenvolvieron lógicamente
bajo otros auspicios. Y en cuanto al uso que hizo
de su poder, debe agregarse, que a pesar de ser irresponsable,
sin el control siquiera de la publicidad, no se deshonró
con los excesos a que con frecuencia se entregan los
partidos militantes cuando imperan en el gobierno.
Puede decirse, en fin, que tal como fue, con todo
el poder que tuvo y toda la influencia que ejercía
en momentos dados, la acción limitada de la Logia
de Lautaro es una prueba irrefutable de que la revolución
argentina fue impulsada por otras fuerzas más eficientes,
y que obedeció a las leyes generales que no estaba
en manos de sus directores ni servir en todo, ni contrariar
en parte.