Al mismo tiempo que el coronel de Granaderos aplicaba
la táctica y la disciplina a la milicia, se ocupaba
en hacerla extensiva a la política, para dar organización
en uno y otro terreno a las fuerzas morales y materiales
con que se debía combatir y vencer, teniendo en ambos
por objetivo la independencia americana. No era San
Martín un político en el sentido técnico de la palabra,
ni pretendió nunca serlo. Como hombre de acción con
propósitos fijos, con vistas claras y con voluntad
deliberada, sus medios se adaptaban siempre a un fin
tangible, y sus principios políticos, sus ideas propias
y hasta su criterio moral se subordinaban al éxito
inmediato, que era la independencia, sin dejar por
esto de tener presente un ideal más lejano, que era
por entonces la libertad en la república.
SITUACIÓN TRANSITORIA
Con su natural perspicacia y su natural buen sentido,
había visto claramente que la revolución estaba tan
mal organizada en lo militar como en lo político,
que carecía de plan, de medios eficaces de acción
y hasta de propósitos netamente formulados. Así es
que, guardando una prudente reserva sobre los asuntos
de gobierno, no excusaba expresarse con franqueza
sobre aquel punto en las tertulias políticas de la
época, diciendo: “Hasta hoy las Provincias Unidas
han combatido por una causa que nadie conoce, sin
bandera y sin principio declarados que expliquen el
origen y tendencias de la insurrección: preciso es
que nos llamemos independientes para que nos conozcan
y respeten.” Con estas ideas y propósitos no había
vacilado en decidirse desde luego, por los que reclamaban
las medidas más adelantadas en el sentido de la independencia
y de la libertad, aceptando de lleno la convocatoria
de un Congreso Constituyente. Consideraba sin embargo
imprudente, fiar al acaso de las fluctuaciones populares,
deliberaciones que debían decidir de los destinos,
no sólo del país, sino también de la América en general.
Aún sin sospechar las fuerzas explosivas que la revolución
encerraba en su seno, pensaba que era necesario organizar
los partidos militantes y disciplinar las fuerzas
políticas para dar unidad y dirección al movimiento
revolucionario. Un núcleo poderoso de voluntades,
una organización metódica de todas las fuerzas políticas,
que obedeciese a un mecanismo y una dirección inteligente
y superior, que dominase colectivamente las evoluciones
populares y las grandes medidas de los gobiernos,
preparando sucesivamente entre pocos lo que debía
aparecer en público como el resultado de la voluntad
de todos, tal fue el plan que San Martín concibió
y llevó a cabo por medio de la organización de una
institución secreta, ayudado eficazmente por su compañero
Alvear, que tomó en esta obra la parte más activa.